Despedida discreta. Únicamente unos centenares de barceloneses
subieron por ultima vez a la noria o a la montaña rusa del Parque de
Atracciones de Montjuic. La modernidad a acabado con un dinosaurio
que no supo adaptarse a los nuevos tiempos.
Llorar, lo que se dice llorar, no se vio a ningún visitante, pero
seria injusto decir que nadie derramo una lagrima en su ultimo día
del Parque de Atracciones de Montjuic. La tristeza y la nostalgia
invadieron la noria, el Vikingo y las montañas rusas. Los
incondicionales de estos sexagenarios carros de feria se
aprovecharon del esplendido domingo para disfrutar de sus últimas
horas. A juzgar por la afluencia registrada, su club de fans no es
demasiado grande. La entrada fue similar a la de cualquier domingo,
unos centenares de personas.
Pero aunque los incondicionales sean pocos, su fidelidad esta
demostrada. Como Joshua Silva, un niño de 9 años a quien le asusta
el Dragon Kang de PortAventura. Prefiere los viejos y oxidados
raíles de la montaña rusa de Montjuic. O como Mercedes Torrecillas,
una joven madre de dos niñas, que desde pequeña no ha dejado de
visitar el recinto un mínimo de dos veces al año.
Pedro Badosa también tiene argumentos de peso. Su silla de ruedas se
mueve con mas dificultad por las pendientes del Tibidabo. "Es una
pena. No entendemos porque lo cierran. a nosotros también nos gustan
estas atracciones, aunque sean antiguas", se lamentaba, después de
gastar diversos rollos de fotos.
Las empresas competidoras parece que tienen la misma opinión según
parece, la propietaria del parque ya a recibido diversas ofertas por
cada una de las atracciones. No seria extraño que en unos meses
pudiésemos subir a la noria de Montjuic en el Tibidabo, por poner un
ejemplo. El mismo gerente de esta atracción, Santi Sardà, paseaba
ayer por el recinto y lamentaba un cierre que acababa
proporcionándole mas clientes. A su lado, José Luis Martín Olmedo,
en su ultimo día como director del Parque, mantenía su silencio
habitual. "No hay declaraciones. Además la prensa nos a tratado muy
mal", es la única cosa que repetía a los periodistas.
Los que mas sienten el cierre son los trabajadores. se van al paro
con indemnizaciones máximas equivalentes al salio de un año, y
estudian impugnarlo. Los de mayor edad, como una de las taquilleras,
no saben que futuro tendrán. Eduardo, el encargado de la noria, es
un caso diferente: es mecánico y esta convencido que se podrá
recolocar. "La verdad es que ya estaba mentalizado", comenta. De
aquí a unos cuantos meses, donde tantos barceloneses han reído,
disfrutado o chillado de miedo únicamente crecerá la hierba.
Recorte de prensa facilitado por Josep Manel
Castro