El Periódico 29 de diciembre de 1997
Mayka Navarro (Barcelona)
El parque de atracciones de Montjuic afronta una crisis de
visitantes, mientras el recinto se degrada poco a poco,
esperando que el ayuntamiento de Barcelona decida lo que hay
que hacer con el viejo complejo lúdico. Ayer, el recinto esta
prácticamente vació, como en los últimos meses, en que muy
pocas familias deciden acudir.
El parque de atracciones de Montjuic se
mantiene abierto en la montaña olímpica aunque prácticamente
sin visitantes.
Hace más de media hora que las 20 cestas
que dan vida a la noria del parque de atracciones de Montjuic
tienen deseos que alguien se suba en ellas para volver a rodar
sobre el cielo de Barcelona. El frió y la pereza que se
apodera de los ciudadanos por Navidad provocó, un fin de
semana más, que el recinto ofreciera ayer una imagen triste y
desolada. El parque estaba prácticamente vació. Muchas
atracciones estaban cerradas, otras, ni Dios sabe como
conseguían funcionar, mientras las telarañas y el polvo
continúan ganando espacio en una competición que no se merece
ni el publico por contemplar el desastre.
En junio del año 1996 se acabo la concesión de 25 años que la
empresa que gestiona el recinto Parques SA, tenía con el
ayuntamiento de Barcelona. El consistorio los invito a irse,
pero la empresa consiguió, con la mediación d los tribunales,
una prorroga para poder continuar en Montjuic hasta que un
concurso de ideas - en el que Parques SA tiene preferencia -
resuelva definitivamente el futuro del recinto.
El concurso de ideas aun no se ha convocado, y tampoco tiene
fecha prevista. El ayuntamiento no sabe ni contesta, ni dice
ni hace nada y el parque de atracciones se va muriendo poco a
poco, sin público que lo visite. Ni el cierre temporal del
otro parque de atracciones de Barcelona, el Tibidabo, ha
servido para arrastras mas gente hasta esta montaña próxima al
mar.
La banda sonora de villancicos maquineros mezclada con las de
las Spice Girls no calienta el ambiente. Los operarios de las
atracciones - algunos parecen niños - bostezan sin remedio
ante la falta de criaturas a las que reñir. Un parque sin
gente es como un concierto para uno solo, aburre porque la
diversión también consiste en contemplar a los demás
disfrutar. El Hula Hopp esta tapado con plásticos para
protegerlo de la humedad y en el Látigo de los niños cada hora
algunos menudos descubren que es el vértigo clavado en el
estomago sobre sus anticuadas sillas.
Hasta los caballos de los Caballitos están cansados de rodar
sin rumbo. La pintura a saltado del antiguo teatro de Montjuic,
el mismo en el que en 1980 murió una joven durante una
actuación de Los Pecos, una gran cadena oxidada advierte que
el cierre va para largo.
La dejadez prácticamente es tétrica en la parte inferior del
recinto. Algunos caminos del parque están completamente
desiertos y su entorno descuidado hace más miedo que la Calle
del Terror que se anuncia al precio de 700 pesetas. La
ausencia de público ahorra las colas y permite hacer
prácticamente un uso familiar e cada atracción. "Es como
alquilar el parque para tus amigos", confiesa un joven e
Terrassa que se ha dejado caer con sus compañeros de escuela.
Entre las tres y las cinco de la tarde, las atracciones están
cerradas, igual los restaurantes, que nadie recuerda la ultima
vez que sirvieron comida. Únicamente La Salchicha Loca, La
patata caliente y la Ballena azul atienden a los visitantes,
la mayoría de los cuales recurren unos grandes bocadillos
caseros envueltos en papel de aluminio. Las vitrinas para las
tapas de salchicha están vacías y en las paredes pegados con
adhesivo hay carteles de películas que son más antiguas que el
parque: La vuelta al mundo en canguro.
Hasta los que mas chillan en la tómbola parecen estar mudos.
En las vitrinas de madera, los premios hacen olor de rancio.
Se puede ganar una plancha de la marca Jata, que amenaza con
destrozar la primera camisa que toque, y un juego educativo de
Microcheminova para aprender a ser químico sin futuro. Como el
mismo parque que busca el suyo.
Recorte de prensa facilitado por Josep Manel Castro