En 1966, y en la montaña de Montjuich,
atalaya entrañable de la vida y el paisaje de Barcelona, un
venezolano viajero de todos los caminos encontró razones y
amores suficientes para la gran tarea de su segunda juventud,
e inauguró las instalaciones del Parque de Atracciones, con el
que revivía sus recuerdos de la capital de su país, recostada
sobre la montaña del Avila.

Desde entonces hasta hoy, cerca de tres
millones de personas se han divertido y han sido un poquitín
felices con las atracciones de Montjuich; quizá por eso, el 5
de junio último, un grupo de eminentes barceloneses, amigos de
su ciudad y consecuentes con quienes la aman, distinguió a don
José Antonio Borges Villegas con unas «Llaves de Barcelona»
por primera vez entregadas a un hispanoamericano.
Como testimonios de la obra, y credenciales de su creador, las
fotografías de esta página recogen algunas imágenes ya
características del Parque de Atracciones de Montjuich. El
monumento a la Sardana: «la danza más bella de todas las
danzas que es fan i es desfan», —se tejen y destejen—, en los
versos de Juan Maragall. El monumento a Carmen Amaya, la
gitana catalana de carne y alma con brío, que llevó la magia
española de su arte por todos los rincones del mundo. Y las
cuevas bautizadas en honor de la misma bailarina genial,
templete enamorado por el recuerdo artístico de Carmen Amaya,
ofrecido por la galantería de un venezolano afincado ya con su
trabajo en la posibilidad cotidiana de la Ciudad Condal.

Recorte de prensa facilitado por Raúl Jiménez