La chica del primer
coche, aferrada a la abrazadera de cuero, grita y aprieta los
puños, y la sensación que cosquillea en el estómago es la de
desear que todo termine pronto. Son apenas dos minutos de
vértigo y sensación de ingravidez los que proporciona
Boomerang, la nueva montaña rusa —38 metros de altura— del
parque de atracciones de Montjuic.
El “monstruo” pesa 200
toneladas y tiene 267 metros de vía. Ha sido construido por la
empresa holandesa Vekoma y le ha supuesto al parque de
atracciones de Montjuic un desembolso de casi 500 millones de
pesetas, contando el transporte y la instalación. La nueva
montaña rusa ocupa una extensión algo menor a la de un campo
de fútbol: 85 metros de longitud por 30 de anchura en la parte
más amplia. Es, desde su inauguración extraoficial el pasado
sábado tras cinco días de prueba, la más grande de España, y
comparte también el primer lugar de Europa junto a otras seis
montañas rusas del continente. Existen como ella 28 en todo el
mundo, repartidas entre Estados Unidos, México, Canadá, Japón,
Corea, Holanda, Bélgica, República Federal de Alemania,
Francia y Reino Unido.
El nombre de Boomerang le viene al artilugio de su propia
estructura. La vía tiene dos medios “loopings” (rizos) y dos
“tirabuzones” (el carril se retuerce). Como el viaje se
compone de dos tiempos, ida y vuelta, el movimiento se
multiplica por dos.
Viene y va, como un
“boomerang”
Los seis giros entre
“looping” y “tirabuzones” son para poner a prueba al mejor de
los estómagos.
La montaña rusa tiene dos
toboganes de raíles. En el primero de ellos, un cable
impulsado por energía hidroeléctrica arrastra lentamente el
tren hasta la cumbre. Una vez alli, el tren es liberado —se
tiene la sensación de caer al vacío— y rápidamente alcanza una
velocidad de 75 kilómetros por hora mientras desciende. Los
coches giran sobre sí mismos en los “loopings” y los
tirabuzones y una poderosa inercia les hace desembocar en el
otro tobogán desde el cual, en un ángulo de 45 grados, caen de
nuevo marcha atrás.
Es el momento más
inquietante para el viajero, porque avanza de espaldas a gran
velocidad y su sensación de inseguridad es mayor.
Con esta son ya tres las
montañas rusas que el parque de atracciones de Montjuic ofrece
a los ciudadanos. Ciclón tiene casi veinte años de antigüedad
y mide 10 metros de altura; Vikingo, con tres años a sus
espaldas, tiene 19 metros, y Boomerang, recién iniciada su
andadura, se lleva la palma, tanto europea como española, con
38 metros, el equivalente a un bloque de catorce pisos. La
instalación de Boomerang responde a la voluntad de mantener la
actualidad del parque. También, en palabras del gerente, José
Manuel Martín Olmedo, “porque el parque de atracciones del
Tibidabo está también renovándose, y para incrementarla
afluencia de visitantes”. Actualmente, el parque recibe a unas
700.000 personas al año en sus 42 atracciones, y la gerencia
espera que la nueva montaña rusa suponga una incremento entre
el diez y el quince por ciento en el número de visitantes.
Las 350 pesetas que
cuesta entrar en el parque de atracciones de Montjuic pueden
sustituirse por la compra del “superbono”. Este sistema, que
lleva ya casi cinco años funcionando con éxito, ofrece, por
1.400 pesetas, la posibilidad de montarse en todas las
atracciones que se desee, sin límite numérico.
La montaña rusa Boomerang
entra también dentro de la oferta del “superbono”. El precio
de un viaje individual sin “superbono” es de 250 pesetas.
Recorte de prensa facilitado por Juan
Castillo Torres