La Vanguardia 20/10/1965
El perfil de la montaña de Montjuich está animado, desde hace
unas jornadas, por la imagen jocunda de la gran rueda del
parque de atracciones que se abrirá dentro de unos meses en
aquélla, un enorme tiovivo con figuras grotescas v alegres se
alza al lado de la rueda, y presumimos que a su vera van
montándose rápidamente los demás artificios de este vasto
conjunto recreativo. La máxima novedad de esta etapa del
futuro Montjuich estriba, por cierto, en la restauración de
sus tradiciones más castizas: es decir, en que la montaña sea
lugar adonde acudir a divertirse, sea en el tono sosegado del
paseo familiar, sea en el más agitado de los merenderos que
tanto lucieron en el primer cuarto de este siglo.
Se concretan va augurios excelentes sobre este disfrute de la
montaña por anchas multitudes barcelonesas: acaban de
mejorarse las instalaciones de Montjuich —que llevaba muchos
lustro» de decrepitud y melancolía— y el trazado y hechura de
la carretera del castillo. Uno y otros perfeccionamientos se
orientan en realidad hacia la comunicación de la fortaleza con
el casco urbano.
¿Quién había de suponer que en poquísimos años de libre acceso
el castillo se convertiría en el centro más visitado y popular
de Barcelona?
La distancia que nos separa de él antes resulta un incentivo y
un estímulo que una barrera, porque las gentes convierten la
visita en motivo de una breve excursión festiva.
Recorte de prensa facilitado por Jose Pérez