La Vanguardia 23/06/1966
Catorce hectáreas de tierras yermas convertidas en un
incomparable centro de expansión.
El Parque de Atracciones de Montjuich, del que ya hablamos
oportunamente cuando se iniciaba su construcción, ha entrado
en funcionamiento. Su instalación ha constituido una ingente
obra de ingeniería, ya que por tener que asentarse sobre
tierras de aluvión hubieron de cimentarse una serie de muros
para .asentar el terreno. Cerca de mil toneladas de tierra han
sido removidas, y fueron movilizadas gran número de máquinas
excavadoras, aprisionadoras y otros ingenios modernos
especialmente concebidos para los grandes trabajos de obras
públicas. Canalizar los servicios, como agua y electricidad,
esta última red alimentada por tres alternadores con una
capacidad total de 5.000 kilovatios, y buscar la solución
paisajista, con paseos, escaleras jardines, singulares
edificios y, naturalmente, una delicada distribución de las
atracciones, fue tarea delicadamente atendida.
Catorce hectáreas es la superficie actual del Parque de
Atracciones de Montjutóh, y como puede estimarse por las
dificultades que hubo que afrontar desde el primer momento
motivadas por las condiciones del terreno, su instalación
requirió una tenaz labor. Todo fue resuelto y lo que ayer eran
tierras yermas hoy es un amplio recinto de sugestivos
atractivos, un incomparable centro de expansión y diversión,
muy dignamente instalado y que honra a Barcelona.
El parque está tan lleno de detalles, muchos de ellos
ultimándose.
Sus atracciones delimitadas por zonas y el parque infantil
está apartado de donde hay distracciones para adultos, quienes
puede escoger entre toda la gama de diversiones.
Un tren miniatura recorre toda la cornisa del parque, en una
extensión de línea de 500 metros en torno a las 40
atracciones, algunas de ellas gigantescas y muy
espectaculares, buen numero de ellas desconocidas hasta ahora
en España, y otras, de las que funcionan un número muy
reducido en el mundo. Los nombres ya son de por sí atrayentes:
«zepelín», «loco ratón», «panamaricana», «satélite jet», «revoltillo»,
«cajas voladoras», «giróscopo» y otros muchos. Todo instalado
con esplendidez, pues únicamente la fachada de la «Cuevas del
fantasma», pongamos por ejemplo, costará un millón de pesetas,
entre material y mano de obra.
Los edificios dispersos por el recinto son obras
arquitectónicas singulares y están destinados a cervecerías,
snack-bar, refrescos, churrería, granja, restaurante,
fotografía, tienda de «souvenirs» y a otras actividades. Y al
referirse a los edificios hay que hablar muy especialmente de
dos de ellos: el Teatro al Aire Libre, con una capacidad de
2.150 personas sentadas y otras varias miles de pie, o
sentadas en unas terrazas que rematan el edificio que dispone
de un escenario triple y elevado, todo realizado con estilo
muy moderno, aprovechando los últimos adelantos de la
estereofonía para adaptarle la acústica adecuada. Al fondo una
escenografía natural, la gran panorámica de Barcelona. Las
Cuevas de Carmen Amaya, de rico sabor andaluz, con una estatua
de bronce de la que fue genial artista, con sus jardines de
ambiente arabesco, paredes blancas de cal, sus ventanas y
lámparas de forja, el mosaico, tan clásico en el clima de las
casas del sur de España, el imprescindible «tablao» y las
mesas y sillas, un mobiliario que se ajusta a las pretensiones
de una atmósfera inconfundible.
El Parque de Atracciones de Montjuirih forma un conjunto
excepcional que ha venido a avalorar aquel paraje de la gran
montaña de Barcelona, completando los demás atractivos del
lugar, como el Castillo, Mirador del Alcalde y Piscina
Municipal. Un rincón excepcional en la moderna Barcelona, cuya
transformación total puede fácilmente apreciarse por la
exposición retrospectiva que los servicios técnicos del
Ayuntamiento han instalado con carácter provisional uno de los
edificios.
Recorte de prensa facilitado por Jose Pérez