Más de media vida en el Parque de Atracciones de Montjuic

Como barcelonés nacido en los 60, mi vivencia en el desaparecido Parque de Atracciones de Montjuic no es muy diferente de la de muchos usuarios que ya han dejado su impronta en estas páginas. Mi primer recuerdo del Parque es estar subido al tiovivo mientras me comía un Bony de Bimbo: tendría unos cinco años, era el año 1971, y me había llevado mi tío, que entonces estaba soltero.

Mi infancia y juventud siempre estuvieron ligadas a las visitas al Parque, que eran bastante frecuentes si el artista que actuaba en el Teatro era del gusto de mis padres. Me acuerdo que, cuando mi padre aparcaba el Seat 127 blanco (siempre había sitio para aparcar en Montjuic), y veía la estatua de Dante Alighieri, ya sabía que estábamos a punto de entrar al parque. Dante tenía la mano extendida: un día, un bromista le puso un paquete de Ducados entre los dedos. A mi padre le hizo mucha gracia, porque era fumador entonces. Yo también lo dejé.

Mi primer recuerdo es estar subido al tiovivo mientras me comía un Bony de Bimbo.

Lo habitual es que mi hermana y yo no nos pusiésemos de acuerdo sobre qué atracciones queríamos visitar, así que mi padre imponía un salomónico “numerus clausus”: tantos tickets para cada uno, y listo. Pero rapidito y sin entretenerse, que había que coger un buen asiento en el teatro. Y muchas veces se llenaba hasta la bandera… En el marco del Parque he visto actuar en directo a Mary Santpere y Torrebruno (ella se agarraba al pequeño italiano y decía “Somos el prototipo de la pareja española”). A Arenas y Cal, los Hermanos Calatrava, Pepe Da Rosa: los humoristas funcionaban muy bien en aquel espacio. El Dúo Dinámico venía todos los años, y mi madre no se los quería perder, como a Manolo Escobar, María del Monte, Alberto Cortez y tantos otros… A medida que nos hacíamos mayores, ya no teníamos tanto interés en acercarnos al parque, pero si había alguna actuación interesante, mis padres no tenían inconveniente en ir solos o con algunos amigos.

Una infancia marcada por el Parque de Atracciones

Quien diga que una infancia marcada por un parque de atracciones no influye en tu personalidad posterior, miente como un bellaco. Me fascinan las luces de colores, los castillos del terror, las máquinas recreativas, las figuras de gran tamaño… Y de todo eso, se perfectamente quien es el culpable. ¿Necesito decirlo?

Añoro el Tren Fantasma, el Castillo de Terror, los Jets, la Casa Magnética, el Ratón Loco y el tren del Oeste. La sección de recreativas me llamaba como las sirenas a Ulises: suerte que mi padre siempre fue un poco rácano con las monedas de 25 pesetas. La primera vez que vi un reloj digital, con sus números rojos y de color dorado, fue en Montjuic: unos chavales lo habían obtenido como premio en una máquina de grúa.

En 1988 ya estaba felizmente casado e independizado de mis padres. Eso no quiere decir que dejase de subir a Montjuic: fui varias veces para probar el Carrer del Terror (recordemos la locura que creó en Barcelona este tipo de atracciones), e incluso recuerdo haber realizado un reportaje en una de las revistas para las que trabajaba, Fangoria. También accedí en varias ocasiones al Boomerang, la espectacular montaña rusa de la última época, solo o en compañía de amigos. Si sobrevivías a los 43 segundos del viaje de ida, y a los 43 del de vuelta, esta vez de espaldas, podrías aguantar casi cualquier cosa.

La omnipresente Noria…

La triste despedida

Se notaba tristeza en el Parque, un mantenimiento defectuoso y un personal muy joven y poco motivado al cargo. En agosto de 1988 me llegó la noticia de que Montjuic cerraría definitivamente sus puertas en Septiembre de aquel año. Personalmente, me dolió mucho, a la luz de todo lo explicado. Se lo comenté a mis padres, que el parque bien merecía una despedida: ellos estuvieron de acuerdo, y esta última vez fui yo quien les llevó a ellos. Creo que se emocionaron mucho, viendo tantos años de buenos momentos desfilar ante sus ojos, y que contrastaban con el vacío y la melancolía que recorrían todos los recovecos de Montjuic. Yo llevé la cámara y tiré un par de carretes: entonces no era como ahora, que con una cámara digital disparas a cualquier cosa que se mueva. Me hubiese gustado disponer de más fotos, sobre todo de las atracciones que mas me gustaban, como el Tren Fantasma. Pero este puñado que tengo son originales, son mías y, al igual que todos mis recuerdos, nadie me los puede arrebatar.

El Twister. El circuito infantil de coches. La omnipresente Noria. El restaurante que se convirtió en el Carrer del Terror. El cohete espacial, que veías desde cualquier punto del parque: por más que lo he mirado desde niño, nunca ha parecido encoger. El teatro de escenario minimalista y exiguo, cuya entrada de artistas era a través del lavabo de señoras. El tiro al blanco con ametralladora de aire comprimido: ahí tenéis la última diana que hice en él. La ya desangelada y polvorienta galería de recreativas. El logo amarillo de la discoteca Lord Black. El bar de con forma de ballena, que tenía la cola encadenada para que no pudiese escapar. El inevitable paseo por la zona infantil, que siempre te hacía sonreír al recordar que tu subías ahí. El ruido del Love Express cuando su lona tapaba de forma aparatosa a todos sus ocupantes. Y muchas otras cosas que no caben aquí.

Todo esto desapareció sin remisión, engullido por una Barcelona que actualmente muere de éxito, y un inmenso jardín (de los que hay muchos en Montjuic) ocupa su lugar. Conocí a Joan Brossa y siento un alto respeto por su obra y su memoria… pero no se que daría por poder subir una vez mas al Tren Fantasma.

Texto y fotografías de Francisco J. Campos (Octubre de 2018)

Editado por Josep Pérez y Esther Bose

El parque de atracciones más popular de Barcelona

Barcelona Televisió – Alex Rufino / Jessica Moreno

El parque de atracciones de Montjuïc cerró en 1998 después de 32 años en funcionamiento. Fundado por el empresario venezolano José Antonio Borges Villegas en los terrenos del antiguo parque de atracciones Maricel.

El parque de atracciones de Montjuïc fue inaugurado en junio de 1966 y permaneció en funcionamiento durante 32 años, hasta septiembre de 1998. Estaba ubicado en Barcelona, en la montaña de Montjuïc, en un punto donde actualmente están los Jardines de Joan Brossa, cerca del castillo de Montjuïc. El espacio que ocupaba correspondía en parte a los terrenos de un antiguo destacamento militar de artillería de costa (llamado Álvarez de Castro), a los restos de un anterior parque de atracciones llamado Maricel (1.930 hasta 1.936) y en diversas barriadas de barracas, entre las que destacan Maricel y Tres Pins. Todo fue derribado para comenzar las obras del nuevo parque de atracciones.

Su construcción, de carácter semiprivado, fue promovida y llevada a cabo por el empresario venezolano José Antonio Borges Villegas, que tras un acuerdo con el Ayuntamiento de Barcelona, dispuso de una concesión para la explotación de los terrenos del parque para 30 años. Borges ya tenía experiencia en la dirección de este tipo de instalaciones, y hasta entonces había dirigido, entre otros, el parque Coney Island en Caracas (no hay que confundirlo con el Coney Island de Nueva York).

Inaugurado parcialmente el 23 de julio de 1966, el parque de atracciones de Montjuïc tuvo una gran acogida por parte de la ciudad y los turistas que la visitaban, por lo que se convirtió en un gran atractivo. Llegó a contar con más de 40 atracciones de todo tipo, además de un teatro auditorio donde se celebraban diferentes actuaciones de artistas de renombre o festivales variados. El éxito de su funcionamiento desde sus inicios puede vincularse directamente a los espectáculos que se hacían en este teatro, accesibles con la simple adquisición de la entrada al parque y, especialmente, al tipo de atracciones mecánicas que en su momento Fue una verdadera revolución respecto a las que se conocía hasta entonces, como la Coctelera, Gran Montaña Rusa, el Loco Ratón o el Zig-Zag. A finales de los años sesenta, el parque se dio por terminado, aunque había ciertas diferencias con el proyecto original.

Hacia el 1973, el español Carlos Merino se hizo cargo del parque de atracciones de Montjuïc, y aprovechó para reacondicionar la infraestructura e instalaciones, y para montar nuevas atracciones que agrandaron la oferta del parque. Una profunda remodelación que incluyó la entrada de algunas de las atracciones más míticas del parque, como el Pulpo, Amor Express, El Barco Mississippi o Noriavisión, esta última, la rueda de feria más alta de los Países Catalanes que se había instalado lat hasta el momento.

El parque continuó disfrutando de un éxito de referencia, pero hacia la década de 1990, la moda de los nuevos parques temáticos comenzó a arrinconarlo, y sólo la instalación de una espectacular montaña rusa llamada Boomerang consiguió mantener el nivel durante una temporada. Sin embargo, la falta de inversiones provocada por la proximidad del fin de la concesión fue haciendo disminuir el número de visitantes. En esta situación, los posteriores desacuerdos entre la empresa y el Ayuntamiento el abocaron a la clausura definitiva, el 27 de septiembre de 1998.
Al cerrarse, el parque de atracciones de Montjuïc fue inmediatamente desmantelado, y se retiraron las atracciones que podían aprovecharse. Después de unos años de abandono, los terrenos fueron acondicionados para ubicar los actuales Jardines de Joan Brossa, inaugurados en 2003.

Entrevista video

El parque de atracciones de Montjuïc cerró en 1998 después de 32 años en funcionamiento. El fundó el empresario venezolano José Antonio Borges Villegas en los terrenos del antiguo parque de atracciones Maricel, y este paseo de Franco en 1966 lo inauguró oficialmente.

JÚLIA COSTA, Centro de Investigación Histórica del Poble Sec
“Había puesto un parque muy importante en Caracas y presentó el proyecto. Esto se aprobó e incluso llevó atracciones de allí que no se utilizaban, las trajo aquí.”

El parque de atracciones de Montjuïc se hizo famoso en poco tiempo y, a diferencia del Tibidabo, fue muy visitado por las clases populares de la ciudad.

JÚLIA COSTA, Centro de Investigación Histórica del Poble Sec
“El Tibidabo se encontraba alejado. Este era más céntrico. Gracias a ello se pusieron autobuses que dejaban en la puerta misma. Para la gente de Barcelona, sobre todo de barrios más populares, era más fácil venir a Montjuïc que ir al Tibidabo.”

El parque de Montjuïc llegó a tener más de una cuarentena de atracciones. Además, por su teatro pasaron artistas de renombre para hacer conciertos.

JÚLIA COSTA, Centro de Investigación Histórica del Poble Sec
“Había atracciones para los niños como un tren o la casa de la bruja y después había atracciones que fueron muy innovadoras como el Loco Ratón o montañas rusas muy osadas. También fue muy importante la noria. Hubo dos y como se iluminaba la noche hay muchas postales que la muestran. “

La aparición de los grandes parques temáticos y la falta de inversiones provocaron la decadencia del parque, que cerró puertas el 27 de septiembre de 1998.

Publicado en http://www.btv.cat/btvnoticies/2015/10/13/arxiu-73-el-parc-datraccions-mes-popular-de-barcelona/

Montjuïc recupera el bar del parque de atracciones

El periodico 27-5-08

El edificio, de 1929, se ha rehabilitado como espacio para actos y convenciones

Algunos edificios, como los gatos, tienen más de una vida. Ese es el caso del palacete construido en Montjuïc en 1929, detrás de la plaza de Dante, que tras formar parte la Exposición Internacional como espacio dedicado a las ciencias fue adquirido por la empresa cervecera Damm, que lo convirtió en bar restaurante. En los años 60 se integró en el parque de atracciones con esa misma función y ahora, tras un periodo de abandono y cuando está a punto de cumplir 80 años, reabre reformado como centro de convenciones.

El edificio, de planta circular, se encuentra en una de las entradas de los actuales jardines de Joan Brossa, frente a las piscinas de waterpolo y saltos y junto a la estación del teleférico y el funicular. No está catalogado, pero se ha convertido en un auténtico superviviente de la montaña. La rehabilitación ha conservado la imagen original exterior, combinando la futurista estructura de hormigón con una segunda piel de fachada acristalada.

PASADO Y PRESENTE

En la cubierta se repite la mezcla entre el pasado y el presente manteniendo las bóvedas de ladrillo de estilo catalán, pero eliminando del techo las antiguas vidrieras de colores, que daban a todo el conjunto un cierto aspecto de iglesia.

Estas han sido sustituidas por un cúpula también acristalada, lo que convierte el interior del edificio en un gran espacio diáfano, de acorde con el nuevo cometido polivalente que se le quiere dar.

El palacete, rebautizado como Esferic BCN, será gestionado por el grupo Eventoplus y se ofrece para actos y celebraciones de empresa, presentaciones, fiestas, cócteles o cenas de gala. No tiene restaurante, por lo que solo se utilizará para citas privadas con servicio de cátering. Con ese objetivo se ha añadido al edificio antiguo una cocina y baños. La superficie total disponible es de 840 metros cuadrados, divididos en dos plantas con terraza y vistas a la ciudad y a los jardines.

Las dos salas para reuniones suman 690 metros cuadrados y la más grande tiene un aforo de 545 personas. Una de ellas puede ser utilizada como oficina e incluso de guardería. Según sus promotores, el edificio cuenta con un sistema de iluminación y sonido interior y exterior de última tecnología que permite, por ejemplo, dar en horario nocturno diferentes colores a la fachada.

La rehabilitación del palacete ha acumulado varios años de retraso –el parque se cerró en 1998– después de que fracasase la primera opción apuntada de negociar con la empresa Damm su restauración.

Esferic-bcn

Recorte facilitado por Josep Manel