Hace diez años que cerró el Parque de Montjuïc pero muchos aun nos acordamos

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Barcelona  27-09- 2008   (Achus! Noticias de Parques Temáticos)

Hoy, diez años después del cierre del Parque de Atracciones de Montjuic, un grupo de nostálgicos mantienen vivo el parque. Todo empezó hace un par de años, cuando unos pocos crearon la web http://www.achus.biz con la intención de rememorar las emociones vividas, y con unas pocas fotos y unos cuantos datos dieron lugar, con el tiempo, a un verdadero archivo popular del parque de atracciones de Montjuïc. Poco a poco se han ido adhiriendo más aficionados, y regularmente quedan en el propio parque para rescatar más recuerdos mientras pasean por los silenciosos jardines, los mismos que en otros tiempos estuvieran atestados de griterío, sirenas y alegría.

Este año, los aficionados al Parque de atracciones de Montjuïc no celebran los diez años de su clausura, tan sólo celebran que diez años después de su cierre, el parque sigue vivo. Algunos de estos aficionados nos han comentado sus experiencias y las quieren hacer públicas desde esta web.

Raúl nos dice – recuerdo ir de pequeño con mis padres, esperaba cada verano para ir una o dos veces. El día que iba se formaba una gran expectación, recuerdo que casi no comía al mediodía. Después pillábamos el coche y hacia el parque. Una vez dentro, pues ya ves, vamos aquí, vamos allá… Las actuaciones se me hacían pesadísimas, claro, yo quería atracciones. Me encantaban los autos de choque pequeños; repetía una y otra vez, de ahí la ventaja del superbono. El tren fantasma me daba pavor, y esperábamos en la cola pensando en el coche que nos iba a tocar. Y así hasta que escuchaba las fatídicas palabras de mis padres: “Nos vamos ya”. Al escuchar esas palabras, me corría un sudor frío y subía las escaleras de la entrada llorando; no sé, me daba pena abandonar el parque. Esto hasta una edad casi seria, hasta los 9 o 10 años.

Después pusieron el boomerang, vaya pasada para la época. También recuerdo el olor de óxido que se te quedaba en las manos por el sudor a causa de agarrarte a las barras de las atracciones. Mi última vez fue unos días antes del cierre, hace ya casi 10 años. Con su cierre se fueron muy buenos ratos, recuerdos con mi familia y amigos. Yo me lo pasaba muy bien, se me pasaba volando el tiempo que estaba allí. Recuerdo al irme cada vez, dejar atrás todas esas luces que me esperarían el próximo año. A partir de ese día del 1998, ya no las vi brillar más.

Pero en internet encontré una página en la que gracias a unas personas estupendas el parque brilla otra vez en mi recuerdo; lágrimas al subir por las escaleras, olor de óxido en las manos, nervios por subir a todas las atracciones,…

Juan Castillo, uno de los componentes de este pequeño grupo, nos dice que si había un sitio en Barcelona donde era posible reír, gritar, asustarse, emocionarse, enamorarse, y disfrutar… hoy en día ya no existe. Pero vamos a detenernos un momento para pensar más allá de lo que vemos y lo que tocamos.

Estoy hablando del Parque de Atracciones de Montjuic. De pequeño era mi preferido. Siempre que pasábamos con el coche de mis padres por la puerta (numerosas veces, porque mis abuelos vivían por la zona), me quedaba contemplando los loopings del Boomerang, la Noria, la parte alta de los Jets y todo lo que sobresalía por encima de los árboles. No se veía el Tren fantasma desde ninguna carretera, pero el saber que estaba ahí, en el rincón más inferior del parque, me daba una especie de cosquilleo en el interior. En efecto, ese parque tenía magia en cada uno de sus espacios y se sentía fácilmente.

No era un cúmulo de atracciones puestas sin ton ni son… cada una parecía estar en perfecta armonía con las otras. Eran grandes, fuertes, y con los años fueron adquiriendo majestuosidad y un aire de decadencia (el pensar que venían de los 70’-80’s le daban una magia especial). Yo solo viví la etapa desde el 84 hasta el 98, suficiente para admirarlo y disfrutarlo las veces que fui. Insuficiente frente al dolor de cuando lo quitaron.

Mi padre me había hablado de un tren del terror, unos vagoncitos que entraban en un túnel y salían brujas, monstruos y sonidos de pesadilla. Yo tendría unos 5 años o quizás un poco menos. No pude dormir, al día siguiente me iban a llevar al parque por primera vez y no podía esperar. Tengo recuerdos borrosos de ese día, sé que era muy soleado, que nos acompañaba mi tía, que nos subimos en las Tazas, en el Zig-Zag, en la montaña rusa infantil (donde a ella le vino un ataque de nervios y se quería poner de pie para bajarse y mi madre enfadada la sentaba). Justo después, recuerdo ver el Tren Fantasma desde la planta infantil, justamente donde estaba el cohete. Recuerdo mirar hacia abajo mientras mi padre me sujetaba, y ver a la gente haciendo cola para entrar. Miré a un lado y vi un inmenso grillo negro moviendo sus patas y antenas. Un búho, un águila… una especie de serpiente marina… me puse muy nervioso, me quería ir de ahí, porque pensaba que la bruja que había dentro iba a salir por la puerta de un momento a otro. Recuerdo que me impresionó el haber visto una Ballena-Restaurante en la puerta, y que a los empleados y clientes no les diese miedo estar justo al lado del infierno ese.

A los años vi un especial en casa de mis tíos, en el Canal +, donde anunciaban a bombo y platillo la incorporación del Boomerang al parque. Recuerdo que se veían las cámaras subidas enfocando a la gente gritando, y acordamos  volver a ir. Esta vez sí que me monte en el Tren Fantasma. Recuerdo estar sentado en los vagoncitos con mi madre, esperando a que nos tocase el turno para entrar. Iban avanzando poco a poco, y entraban con un estruendo y un portazo al interior. Estaba nervioso. Recuerdo que cuando estábamos justo en la puerta, mi madre dijo: ya nos toca a nosotros… y me puse más nervioso aún. Había un lagarto justo encima, con una pinta muy real. El taquillero le dio a un botón, pegamos una sacudida y el vagón empujó las puertas con violencia. Era un pasillo recto, muy largo y completamente oscuro, olía a humedad y a grasa de máquinas. Había una boca verde enorme con los ojos rojos, por los que pasamos, se acercaban una especie de demonios balanceándose, sonaba una alarma muy estridente… una calavera gigante, más puertas que se abrían fuertemente… me ponía muy inquieto el saber qué vendría detrás de esas puertas, y la soledad que había dentro… era como haber entrado en otro mundo, si se te quedaba la vagoneta parada dentro… seguramente los del exterior se olvidarían de ti para siempre, y eso incrementaba la emoción. Todo estaba muy bien hecho, los monstruos parecían de estudio de cine. A pesar de tener sus años y ser mecánicos, todo refulgía con colores sobrenaturales a causa de la luz negra. Muchos portazos, un buda, una parte en Egipto, aire saliendo de un ventilador enorme, un hombre lobo, una mujer con el pecho descubierto que se giraba para mostrar un cadáver, un astronauta enorme, una subida al espacio donde un demonio te tiraba aire comprimido por su parte trasera, haciéndote pegar un bote… Estaba el planeta Tierra, astronautas, estrellas y volvías a bajar a la tierra (pensando que sería rápido, y realmente bajabas a trompicones por una gruta con estalactitas muy inclinada) donde esperaba un hipopótamo con la boca abierta y cara de pocos amigos entre una cascada. Muchos giros, esqueletos tocando instrumentos, la famosa bruja sentada en un palo en lo alto, dos serpientes gigantes con cabeza humana, un zigzag de puertas chocantes… y de repente, veías la luz exterior con un portazo final. A día de hoy me sorprendo de lo bien hecho que estaba, de ser una atracción imaginativa, original y bien trabajada. Para mí, es la atracción más perfecta que había visto nunca.
Seguramente, si la viese hoy en día en funcionamiento, me reiría de lo cutre que era, o quizás nuestra sociedad ha pasado de valorar algo inocente e imaginativo como si fuese una mierda y querer buscar emociones mucho mas fuertes, donde acabes sacando las tripas por la boca. Eso quizás fue lo que acabó condenando a un parque donde la pretensión principal era sorprender y divertir, y no forrarse a toda costa de los visitantes.

Años después fui varias veces, ya casi adolescente, con mi prima y su novio por aquel entonces. Las alarmas de las atracciones, el Amor Express, el Barco del Mississipi, el Vikingo, Boomerang, Noria, Casa Magnética, Tazas, Jets… por mencionar algunas y no ser pesado… era todo grandioso, mágico, viejo y nuevo a la vez, decadente, melancólico, pero majestuoso, y siempre muy unido al verano y a la ciudad.

El cierre para mi fue muy rápido, demasiado, y quizás si me hubiese pillado ahora, hubiera intentado algo para evitarlo. Noticias en TV3 de un accidente en el Tren fantasma, donde dos extranjeros habían salido heridos y habían precintado la atracción, fin de la concesión, promesas del ayuntamiento de renovación, muchas ofertas… pero llego el final: el parque de atracciones de Montjuic, cierra definitivamente y su espacio lo ocupará una zona de jardines y picnic.
Poco a poco fueron desapareciendo el Boomerang, el Vikingo, la Noria… cada vez que íbamos a ver a los abuelos quedaban menos cosas. El cartel de letras con el título del parque iba desapareciendo poco a poco también. Recuerdo subir con amigos y mirar por verjas y taquillas, y ver coches aparcados, mucho polvo, cemento levantado, restos de autochoques y neumáticos.
Vi el video clip de Seguridad Social – Al ritmo del corazón, y pegué un salto en el sofá de casa… se mostraba la boca verde del Tren Fantasma y el teatro del parque, incluso los Karts. Lo habían grabado con el parque ya cerrado, como aprovechando los últimos restos arqueológicos de algo que está agonizando.

En el 2001 se anunció una apertura provisional para ver las ruinas y la interpretación de unos artistas sobre la alegría, el paso del tiempo encima y el final de las cosas. Me sonó a patraña por parte del Ayuntamiento, como para excusarse de algo tan atroz y convertirlo en poesía artística. Como haber querido contar con rimas y sonetos un asesinato. Pero igualmente fui. No me decepcionó, pero inundó mi subconsciente con imágenes con las que sueño incluso en la actualidad. La Casa Magnética todavía en pie, con los carteles oxidados y sin luz en sus bombillas… pero funcionando todavía por dentro. Un par de figuras del Safari seguían en pie, sin vías, ni árboles, ni nada más. Sonaban por altavoces sonidos de atracciones, alarmas… ponía la piel de gallina, emocionaba muchísimo, y también daba mucha rabia. Sólo estaban abiertas la planta superior y la media. El resto lo tenían cercado y acordonado, pero mi cabezonería y ‘desesperación’ me hicieron saltármelas para bajar hasta el Tren Fantasma e intentar ver qué habían hecho con él. Me esperaba ver un descampado o algo demolido… pero me encontré con un muro sólido de piedra, en donde dos agujeros enormes cerca del techo (por donde salían los vagones a la planta superior) revelaban que dentro seguían las estalactitas de la parte del hipopótamo. El suelo estaba lleno de restos de ladrillos, cemento, plásticos, poliéster… Me arrepentí de no haber ido antes y haber pedido permiso para que me lo dejasen ver por dentro, incluso llevarme algo de ahí. No quedaba ni el grillo de la fachada, ni el esqueleto, nada. Una pared de piedra. También me sorprendió el ver que era una construcción de aspecto militar, y que a la contra del Castillo del Terror (en el que todo era un caserón metálico de feria), esto era algo que llevaba mucho tiempo antes del parque, y que se quedaría ahí incluso después. Esa idea me consoló.

Dos años después se anunció en los periódicos la apertura de los jardines. Y fui con mis padres por primera vez a los ‘jodidos’ jardines Joan Brossa (Basura).
La verdad es que si ese jardín tiene algún encanto, es por los recuerdos que tenemos de él, y por ver el misterioso polvorín ahí, entre las enredaderas, sabiendo que es el único testimonio de que ahí hubo algún tipo de actividad, al igual que el edificio parasol, el Sferic, las estatuas de bronce y las oficinas de la entrada… no nos queda nada, pero la magia sigue ahí.
Nos hemos emocionado actualmente, nos hemos reído. Nos hemos preguntado qué habrá detrás de esas puertas del polvorín,  si saldrá algún monstruo o algo, como cuando funcionaba. Hemos comido frankfurts, hemos ido con parejas, amigos, familia. Hemos relacionado en nuestra cabeza cualquier sonido de coches, música o roce metálico con las atracciones que hubieron ahí… el parque ha tenido fuerza, a día de hoy, para juntar a personas de todas las edades, de caracteres distintos, de melancolía similar, para seguir diciéndonos que esto no ha sido una muerte final… que queda un pequeño y fino hilo que va latiendo lentamente y que estamos manteniendo. Y eso es algo bueno, por lo que, para mi al menos, el parque de atracciones tiene y puede tener vida para largo. Los gobiernos cambian, la sociedad también, pero el buen hacer, los sentimientos y las ilusiones siempre están ahí.

Jose Luis Sierra nos dice: – Desde muy pequeño ya me gustaron mucho los Parques de Atracciones, y de adolescente venía con mis padres a Montjuich, y este Parque tenía algo especial que me cautivo. Hay muchos rincones donde aún me acuerdo de mis padres. Posteriormente me casé y seguí viniendo al Parque con mi mujer y mi hija. Rara era la semana que no venía. Nada más entrar nos montábamos en el ZIG ZAG, y luego, sobre todo en las de niños.

Más adelante me separé, y entonces el Parque era mi segunda casa. Todos los viernes y sábados venía a ver las actuaciones de la tarde y noche, y no me perdía ningún artista fuera del genero que fuera. Entre actuaciones me iba a mi rincón favorito, allí en la Ballena, y me tomaba unos pinchitos y unos frankfurts inolvidables. Al terminar, como no, un paseo en el Tren Fantasma.  También me gustaba mucho el Castillo del Terror y la Casa Magnética. Por allí pase momentos difíciles de olvidar con muchísimas personas, y aún hoy, al pasear por los actuales jardines, recuerdo muchas cosas y me da mucha pena no poder volver atrás para revivir esos momentos tan bonitos. Recuerdo también cuando al cerrar el parque, riadas humanas iban bajando buscando la plaza de España, y ese embriagador olor de la tierra , las flores y plantas del Parque de Montjuich en esas calurosas noches de verano. También recuerdo los gritos de los que se montaban en el Boomerang, que se escuchaban ya desde antes de entrar en el Parque, tantos y tantos recuerdos que desgraciadamente, o afortunadamente, aún siguen vivos gracias a esta maravillosa Web:  http://www.achus.biz.

Las atracciones de Montjuic cerraran después del verano

El País,  Viernes 21 de agosto de 1998
J.M. Martí Font (Barcelona)

Las-atracciones-de-Montjuic-cerraran-despues-del-veranoLa noria es una de las atracciones más antiguas y de de las más solicitadas del parque de Montjuic.

El Ayuntamiento aún no ha decidido el futuro del recinto

Este será el último verano del Parque de Atracciones de Montjuic, que se cerrará definitivamente al público cuando termine la temporada estival, según indicó ayer Caterina Carreras, concejal de Relacionas Ciudadanas y Culturales del Ayuntamiento de Barcelona. Sin embargo, el consistorio todavía no ha decidido cual será el futuro de estos terrenos de la montaña olímpica, que, entre otras posibilidades, podrían albergar un nuevo parque de atracciones o pasar a formar parte del proyecto del gran Jardín Botánico.

Carreras explicó que la concesión que tenia la empresa Parque de Atracciones, SA, para explotar el recinto de Montjuic ha finalizado, pero que el consistorio ha decidido aplazar el cierre definitivo de las instalaciones hasta después del verano. La concejal no quiso pronunciarse sobre el futuro del parque, aunque tampoco descartó la posibilidad de convocar un concurso para la explotación del terreno.

El Ayuntamiento había anunciado el pasado mes de febrero que lo sacaría a concurso en primavera, de modo que la adjudicación se pudiera concretar a principios de octubre. Sin embargo, ya entonces se barajaban otras opciones, y todo parece indicar que el consistorio sigue sin haber decidido qué va a  hacer con este espacio de la montaña olímpica.

El alcalde, Joan Clos, insinuó recientemente que el terreno podía servir para que la montaña recuperara alguna parte de la zona verde perdida con las últimas actuaciones, especialmente en el área olímpica.

Añadir estos terrenos al nuevo Jardín Botánico de la ciudad seria la solución perfecta para ampliar sus dimensiones, al tiempo que Montjuic recuperaría espacio verde perdido.

El problema que plantea la construcción de un nuevo parque de atracciones es que el recinto actual es demasiado pequeño para que las nuevas instalaciones puedan competir con la oferta existente. A finales de 1996, la empresa danesa Lego estudió la posibilidad y la descarto, debido a la escasa superficie disponible y la negativa municipal a aumentarla.

Inaugurado hace 32 años

Las instalaciones del Parque de Atracciones de Montjuic se inauguraron hace 32 años, en junio de 1966, y constituían en aquel momento una oferta mucho más moderna que las del Tibidabo. La concesión municipal a la empresa Parque de Atracciones, SA, fue por 30 años, si bien cuando se cumplió el término, en 1996, la empresa alegó que debían contabilizarse los periodos en que había permanecido cerrado debido a carreras o acontecimientos como los juegos olímpicos.

El pasado mes de abril, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) dio la razón al consistorio barcelonés, confirmando que la concesión de los derechos de explotación había expirado.

En los últimos años el parque había sufrido un declive imparable. Si en 1994 recibió 900.000 visitantes, al año siguiente ya había descendido hasta 600.000, cifra que siguió bajando hasta los menos de 300.000 que lo visitaron el año pasado. La empresa se había negado a efectuar nuevas inversiones para mejorar su oferta si no se le garantizaba una ampliación de la concesión. El pasado mes de abril, el Ayuntamiento obligó a cerrar la atracción del Tren del Terror después de que dos personas resultaran heridas en un accidente.

La empresa concesionaria no ha querido hacer declaraciones. Fuentes de las misma indicaron que su gerente, Jose Manuel Martín Olmedo, que en su momento ofertó al Ayuntamiento la construcción de “un Port Aventura en pequeño”, se halla de vacaciones hasta el mes próximo, y hasta entones no desvelará las intenciones de la empresa. Un empleado aseguró ayer a este periódico que, a los trabajadores, se les había comunicado recientemente el cierre de la empresa.

Recorte de prensa facilitado por Josep Manel Castro

Agoniza, luego existe

La Vanguardia  05-04-1998 – Felip Vivanco (Barcelona)

Agoniza-luego-existe

El parque de atracciones de MontjuÏc apura sus últimos momentos mientras se cae de puro viejo

Los platillos espaciales con dos volantes y tubo de escape agonizan; los caballos del tiovivo, antes vigorosos y bien pintados, ya no relinchan, agonizan; los coches del “scalextric”, la noria venerable y achacosa, los autos de choque de cartón piedra, la montaña rusa ruidosa, el dragón de tres cabezas en horas bajas, la calavera asesina sin nuevos trucos.

Todo agoniza en el parque de atracciones de Montjuic, desde la primera verja hasta la última papelera, todo se cae de puro viejo y, sin embargo, casi todo sigue funcionando y dando vueltas, y la música sigue sonando, como las sirenas al principio y al final de cada viaje, y el público sigue acudiendo, aunque cada vez menos. El parque de atracciones de Montjuic agoniza, luego existe. Ha sido así en los últimos años y así será hasta el día que lo cierren. Cuestión de un mes, o tres, o cinco. Cuestión de que el Ayuntamiento decida alargar la concesión o cierre las instalaciones definitivamente.

“Hoy ha venido menos gente de lo habitual, no sé por qué, tal vez porque en el Tibidabo ya han abierto las atracciones.” “¿Gente? La normal, en domingo vienen más.” Los empleados del parque apenas tienen ganas de hablar y menos de aventurar el futuro de las instalaciones, y menos aún de aventurar una fecha de cierre. “¿Fin de la concesión?, ¿litigio judicial? De eso no sabemos.”

Los monstruos del túnel del terror, la iguana maldita, la calavera asesina, los dragones, los demonios, están en paro forzoso. “Aparato en revisión”, se lee en un cartel metálico medio oxidado. Hoy se cumple una semana del accidente en el que resultó malherida una pareja que salió despedida de su vagoneta. “¿Cuándo la abrirán?”, preguntan un grupo de chicos y chicos de La Llagosta y Montcada, mochilas en ristre. Nadie contesta. Ayer amaneció nublado en Montjuic, hacia la tarde se fue despejando. Y ni así. Unos cientos de visitantes, un ejército de turistas italianos esperando para entrar y poco más.

La noria gira un rato, luego se para, peleas en los autos de choque: “conduzco yo; no, conduzco yo”. A los más pequeños no les importa lo más mínimo si la nave espacial está mal pintada o si el coche de bomberos es más bonito o menos. A ellos sólo les preocupa que la atracción dure mucho y que la campana del coche suene bien fuerte cada vez que pasan por delante de sus padres. Saludan y dicen adiós con la mano. Como el parque.

Recorte de prensa facilitado por Piranesi78

El Boomerang de Montjuic

La Vanguardia  06-08-1991
F. Lebal – G Tuset (Barcelona)

El-Boomerang-de-Montjuic

Sin duda alguna, la gran atracción del parque de atracciones de Montjuic es el Boomerang, que conduce a los límites del vértigo en dos fases diferenciadas. En la primera, el tren de vagonetas asciende hasta la cima de una rampa de 38 metros de altura y 45 grados de inclinación, para que la inercia lo haga descender después a una velocidad de 80 kilómetros por hora atravesando peraltes y “loopings” con sus ocupantes cabeza abajo.

Una vez realizado el recorrido, el tren se detiene unos breves segundos para reemprender el trayecto, esta vez de espaldas, lo que puede provocar más de un infarto, ya que si en la ida la fuerza de la inercia empuja hacia el asiento, en la vuelta, lo hace en sentido contrario. Como terapia, resulta aconsejable gritar todo lo que se pueda, cosa nada difícil.

El Boomerang fue inaugurado en junio del pasado año, tiene 267 metros de vía, mide 38 metros de altura y costó más de 600 millones de pesetas.

Montjuic presenta otras emociones fuertes, como la montaña rusa Ciclón y El Vikingo, con su balanceo a 18 metros de altura. Pero también hay una pacífica noria de movimientos suaves, la más alta de España, y un carrusel de caballitos de auténtica artesanía.

Cada fin de semana siguen las actuaciones gratuitas de destacados artistas en el anfiteatro. Las próximas actuaciones son las de Tennessee, días 10 y 11; Los Morancos, el 15, 16 y 17; Bertín Osborne, el 24 y 25; y Juan Pardo, el 31. La entrada es de 500 pesetas y el superbono que da acceso a todas las atracciones vale 1.500 pesetas. El parque de Montjuic está abierto todos los días, excepto los lunes. Los laborables, de 18 a 24h.; los sábados, de 17.30 a 1 de la mañana; y los domingos, de 12 a 23.45.

Recorte de prensa facilitado por Jose Pérez