Parque de atracciones de Montjuic en construcción

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Es bonito rescatar imágenes del pasado que te recuerdan momentos felices. Hoy os compartimos una imagen de archivo que nos muestra cómo empezó todo o, mejor dicho, dónde empezó todo.

En la fotografía se aprecian los preparativos de lo que vendría a ser nuestro querido Parque de Atracciones de Montjuic.

Es una foto muy interesante que corresponde al año 1965, cuando las atracciones que se ven en la imagen acababan de llegar de Venezuela, Estados Unidos y Alemania Occidental.

Tras su llegada en barco, los contenedores con las atracciones estuvieron en el puerto varias semanas hasta que, después de hacer el inventario de su contenido ante notario, los subieron al parque, que aún estaba en construcción.

Aquí en la imagen podemos observar la prisa que se dieron para empezar a montar las atracciones, ya que el nivel superior tenía que ser el primero en quedar listo para la inauguración, prevista para el verano siguiente.

A lo lejos se pueden observar los Jets y la Noria, y, si os fijáis aún más, se puede ver lo que sería la antigua pista de karts de madera y justo detrás, el Loco Ratón.

El Zeppelin aún estaba sin montar y la montaña rusa, que más tarde quedaría a la izquierda, donde se ve la tierra, todavía no habría llegado.

Ese arco que se ve en primer lugar corresponde a una atracción llamada “UFO”, cuyas vagonetas se deslizaban de un lado al otro del arco mientras iban girando. Sinceramente, resultaba un poco mareante y, tras múltiples averías, fue retirado del parque al poco tiempo de su apertura.

Esos son los inicios del Parque de Atracciones de Montjuic, así empezó a latir ese espacio mágico en el que tantos y tan buenos momentos hemos disfrutado.

UFO

Colaboraciones: Jordi3D, Malifeta, Jaume Susany, Josep Pérez y Esther Bose

Parc d’atraccions de Montjuïc 1968

El parque de atracciones de Montjuïc fue inaugurado en junio de 1966 y permaneció en funcionamiento durante 32 años, hasta septiembre de 1998.

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En el vídeo que veremos a continuación se puede escuchar lo siguiente:

Chicos y grandes van a Montjuic para montar en el tren miniatura, los carruseles, las olas giratorias, las norias, las montañas rusas y un sinfín de distracciones más o menos aéreas que emocionan a los pequeños, divierten a los medianos y también a los que ya no lo son tanto.

El moderno parque de atracciones de Barcelona cumple a las mil maravillas su papel de proporcionar a los veraneantes de la ciudad condal, la ilusión del esparcimiento y de las emociones fuertes.

 

Hace diez años que cerró el Parque de Montjuïc pero muchos aun nos acordamos

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Barcelona  27-09- 2008   (Achus! Noticias de Parques Temáticos)

Hoy, diez años después del cierre del Parque de Atracciones de Montjuic, un grupo de nostálgicos mantienen vivo el parque. Todo empezó hace un par de años, cuando unos pocos crearon la web http://www.achus.biz con la intención de rememorar las emociones vividas, y con unas pocas fotos y unos cuantos datos dieron lugar, con el tiempo, a un verdadero archivo popular del parque de atracciones de Montjuïc. Poco a poco se han ido adhiriendo más aficionados, y regularmente quedan en el propio parque para rescatar más recuerdos mientras pasean por los silenciosos jardines, los mismos que en otros tiempos estuvieran atestados de griterío, sirenas y alegría.

Este año, los aficionados al Parque de atracciones de Montjuïc no celebran los diez años de su clausura, tan sólo celebran que diez años después de su cierre, el parque sigue vivo. Algunos de estos aficionados nos han comentado sus experiencias y las quieren hacer públicas desde esta web.

Raúl nos dice – recuerdo ir de pequeño con mis padres, esperaba cada verano para ir una o dos veces. El día que iba se formaba una gran expectación, recuerdo que casi no comía al mediodía. Después pillábamos el coche y hacia el parque. Una vez dentro, pues ya ves, vamos aquí, vamos allá… Las actuaciones se me hacían pesadísimas, claro, yo quería atracciones. Me encantaban los autos de choque pequeños; repetía una y otra vez, de ahí la ventaja del superbono. El tren fantasma me daba pavor, y esperábamos en la cola pensando en el coche que nos iba a tocar. Y así hasta que escuchaba las fatídicas palabras de mis padres: “Nos vamos ya”. Al escuchar esas palabras, me corría un sudor frío y subía las escaleras de la entrada llorando; no sé, me daba pena abandonar el parque. Esto hasta una edad casi seria, hasta los 9 o 10 años.

Después pusieron el boomerang, vaya pasada para la época. También recuerdo el olor de óxido que se te quedaba en las manos por el sudor a causa de agarrarte a las barras de las atracciones. Mi última vez fue unos días antes del cierre, hace ya casi 10 años. Con su cierre se fueron muy buenos ratos, recuerdos con mi familia y amigos. Yo me lo pasaba muy bien, se me pasaba volando el tiempo que estaba allí. Recuerdo al irme cada vez, dejar atrás todas esas luces que me esperarían el próximo año. A partir de ese día del 1998, ya no las vi brillar más.

Pero en internet encontré una página en la que gracias a unas personas estupendas el parque brilla otra vez en mi recuerdo; lágrimas al subir por las escaleras, olor de óxido en las manos, nervios por subir a todas las atracciones,…

Juan Castillo, uno de los componentes de este pequeño grupo, nos dice que si había un sitio en Barcelona donde era posible reír, gritar, asustarse, emocionarse, enamorarse, y disfrutar… hoy en día ya no existe. Pero vamos a detenernos un momento para pensar más allá de lo que vemos y lo que tocamos.

Estoy hablando del Parque de Atracciones de Montjuic. De pequeño era mi preferido. Siempre que pasábamos con el coche de mis padres por la puerta (numerosas veces, porque mis abuelos vivían por la zona), me quedaba contemplando los loopings del Boomerang, la Noria, la parte alta de los Jets y todo lo que sobresalía por encima de los árboles. No se veía el Tren fantasma desde ninguna carretera, pero el saber que estaba ahí, en el rincón más inferior del parque, me daba una especie de cosquilleo en el interior. En efecto, ese parque tenía magia en cada uno de sus espacios y se sentía fácilmente.

No era un cúmulo de atracciones puestas sin ton ni son… cada una parecía estar en perfecta armonía con las otras. Eran grandes, fuertes, y con los años fueron adquiriendo majestuosidad y un aire de decadencia (el pensar que venían de los 70’-80’s le daban una magia especial). Yo solo viví la etapa desde el 84 hasta el 98, suficiente para admirarlo y disfrutarlo las veces que fui. Insuficiente frente al dolor de cuando lo quitaron.

Mi padre me había hablado de un tren del terror, unos vagoncitos que entraban en un túnel y salían brujas, monstruos y sonidos de pesadilla. Yo tendría unos 5 años o quizás un poco menos. No pude dormir, al día siguiente me iban a llevar al parque por primera vez y no podía esperar. Tengo recuerdos borrosos de ese día, sé que era muy soleado, que nos acompañaba mi tía, que nos subimos en las Tazas, en el Zig-Zag, en la montaña rusa infantil (donde a ella le vino un ataque de nervios y se quería poner de pie para bajarse y mi madre enfadada la sentaba). Justo después, recuerdo ver el Tren Fantasma desde la planta infantil, justamente donde estaba el cohete. Recuerdo mirar hacia abajo mientras mi padre me sujetaba, y ver a la gente haciendo cola para entrar. Miré a un lado y vi un inmenso grillo negro moviendo sus patas y antenas. Un búho, un águila… una especie de serpiente marina… me puse muy nervioso, me quería ir de ahí, porque pensaba que la bruja que había dentro iba a salir por la puerta de un momento a otro. Recuerdo que me impresionó el haber visto una Ballena-Restaurante en la puerta, y que a los empleados y clientes no les diese miedo estar justo al lado del infierno ese.

A los años vi un especial en casa de mis tíos, en el Canal +, donde anunciaban a bombo y platillo la incorporación del Boomerang al parque. Recuerdo que se veían las cámaras subidas enfocando a la gente gritando, y acordamos  volver a ir. Esta vez sí que me monte en el Tren Fantasma. Recuerdo estar sentado en los vagoncitos con mi madre, esperando a que nos tocase el turno para entrar. Iban avanzando poco a poco, y entraban con un estruendo y un portazo al interior. Estaba nervioso. Recuerdo que cuando estábamos justo en la puerta, mi madre dijo: ya nos toca a nosotros… y me puse más nervioso aún. Había un lagarto justo encima, con una pinta muy real. El taquillero le dio a un botón, pegamos una sacudida y el vagón empujó las puertas con violencia. Era un pasillo recto, muy largo y completamente oscuro, olía a humedad y a grasa de máquinas. Había una boca verde enorme con los ojos rojos, por los que pasamos, se acercaban una especie de demonios balanceándose, sonaba una alarma muy estridente… una calavera gigante, más puertas que se abrían fuertemente… me ponía muy inquieto el saber qué vendría detrás de esas puertas, y la soledad que había dentro… era como haber entrado en otro mundo, si se te quedaba la vagoneta parada dentro… seguramente los del exterior se olvidarían de ti para siempre, y eso incrementaba la emoción. Todo estaba muy bien hecho, los monstruos parecían de estudio de cine. A pesar de tener sus años y ser mecánicos, todo refulgía con colores sobrenaturales a causa de la luz negra. Muchos portazos, un buda, una parte en Egipto, aire saliendo de un ventilador enorme, un hombre lobo, una mujer con el pecho descubierto que se giraba para mostrar un cadáver, un astronauta enorme, una subida al espacio donde un demonio te tiraba aire comprimido por su parte trasera, haciéndote pegar un bote… Estaba el planeta Tierra, astronautas, estrellas y volvías a bajar a la tierra (pensando que sería rápido, y realmente bajabas a trompicones por una gruta con estalactitas muy inclinada) donde esperaba un hipopótamo con la boca abierta y cara de pocos amigos entre una cascada. Muchos giros, esqueletos tocando instrumentos, la famosa bruja sentada en un palo en lo alto, dos serpientes gigantes con cabeza humana, un zigzag de puertas chocantes… y de repente, veías la luz exterior con un portazo final. A día de hoy me sorprendo de lo bien hecho que estaba, de ser una atracción imaginativa, original y bien trabajada. Para mí, es la atracción más perfecta que había visto nunca.
Seguramente, si la viese hoy en día en funcionamiento, me reiría de lo cutre que era, o quizás nuestra sociedad ha pasado de valorar algo inocente e imaginativo como si fuese una mierda y querer buscar emociones mucho mas fuertes, donde acabes sacando las tripas por la boca. Eso quizás fue lo que acabó condenando a un parque donde la pretensión principal era sorprender y divertir, y no forrarse a toda costa de los visitantes.

Años después fui varias veces, ya casi adolescente, con mi prima y su novio por aquel entonces. Las alarmas de las atracciones, el Amor Express, el Barco del Mississipi, el Vikingo, Boomerang, Noria, Casa Magnética, Tazas, Jets… por mencionar algunas y no ser pesado… era todo grandioso, mágico, viejo y nuevo a la vez, decadente, melancólico, pero majestuoso, y siempre muy unido al verano y a la ciudad.

El cierre para mi fue muy rápido, demasiado, y quizás si me hubiese pillado ahora, hubiera intentado algo para evitarlo. Noticias en TV3 de un accidente en el Tren fantasma, donde dos extranjeros habían salido heridos y habían precintado la atracción, fin de la concesión, promesas del ayuntamiento de renovación, muchas ofertas… pero llego el final: el parque de atracciones de Montjuic, cierra definitivamente y su espacio lo ocupará una zona de jardines y picnic.
Poco a poco fueron desapareciendo el Boomerang, el Vikingo, la Noria… cada vez que íbamos a ver a los abuelos quedaban menos cosas. El cartel de letras con el título del parque iba desapareciendo poco a poco también. Recuerdo subir con amigos y mirar por verjas y taquillas, y ver coches aparcados, mucho polvo, cemento levantado, restos de autochoques y neumáticos.
Vi el video clip de Seguridad Social – Al ritmo del corazón, y pegué un salto en el sofá de casa… se mostraba la boca verde del Tren Fantasma y el teatro del parque, incluso los Karts. Lo habían grabado con el parque ya cerrado, como aprovechando los últimos restos arqueológicos de algo que está agonizando.

En el 2001 se anunció una apertura provisional para ver las ruinas y la interpretación de unos artistas sobre la alegría, el paso del tiempo encima y el final de las cosas. Me sonó a patraña por parte del Ayuntamiento, como para excusarse de algo tan atroz y convertirlo en poesía artística. Como haber querido contar con rimas y sonetos un asesinato. Pero igualmente fui. No me decepcionó, pero inundó mi subconsciente con imágenes con las que sueño incluso en la actualidad. La Casa Magnética todavía en pie, con los carteles oxidados y sin luz en sus bombillas… pero funcionando todavía por dentro. Un par de figuras del Safari seguían en pie, sin vías, ni árboles, ni nada más. Sonaban por altavoces sonidos de atracciones, alarmas… ponía la piel de gallina, emocionaba muchísimo, y también daba mucha rabia. Sólo estaban abiertas la planta superior y la media. El resto lo tenían cercado y acordonado, pero mi cabezonería y ‘desesperación’ me hicieron saltármelas para bajar hasta el Tren Fantasma e intentar ver qué habían hecho con él. Me esperaba ver un descampado o algo demolido… pero me encontré con un muro sólido de piedra, en donde dos agujeros enormes cerca del techo (por donde salían los vagones a la planta superior) revelaban que dentro seguían las estalactitas de la parte del hipopótamo. El suelo estaba lleno de restos de ladrillos, cemento, plásticos, poliéster… Me arrepentí de no haber ido antes y haber pedido permiso para que me lo dejasen ver por dentro, incluso llevarme algo de ahí. No quedaba ni el grillo de la fachada, ni el esqueleto, nada. Una pared de piedra. También me sorprendió el ver que era una construcción de aspecto militar, y que a la contra del Castillo del Terror (en el que todo era un caserón metálico de feria), esto era algo que llevaba mucho tiempo antes del parque, y que se quedaría ahí incluso después. Esa idea me consoló.

Dos años después se anunció en los periódicos la apertura de los jardines. Y fui con mis padres por primera vez a los ‘jodidos’ jardines Joan Brossa (Basura).
La verdad es que si ese jardín tiene algún encanto, es por los recuerdos que tenemos de él, y por ver el misterioso polvorín ahí, entre las enredaderas, sabiendo que es el único testimonio de que ahí hubo algún tipo de actividad, al igual que el edificio parasol, el Sferic, las estatuas de bronce y las oficinas de la entrada… no nos queda nada, pero la magia sigue ahí.
Nos hemos emocionado actualmente, nos hemos reído. Nos hemos preguntado qué habrá detrás de esas puertas del polvorín,  si saldrá algún monstruo o algo, como cuando funcionaba. Hemos comido frankfurts, hemos ido con parejas, amigos, familia. Hemos relacionado en nuestra cabeza cualquier sonido de coches, música o roce metálico con las atracciones que hubieron ahí… el parque ha tenido fuerza, a día de hoy, para juntar a personas de todas las edades, de caracteres distintos, de melancolía similar, para seguir diciéndonos que esto no ha sido una muerte final… que queda un pequeño y fino hilo que va latiendo lentamente y que estamos manteniendo. Y eso es algo bueno, por lo que, para mi al menos, el parque de atracciones tiene y puede tener vida para largo. Los gobiernos cambian, la sociedad también, pero el buen hacer, los sentimientos y las ilusiones siempre están ahí.

Jose Luis Sierra nos dice: – Desde muy pequeño ya me gustaron mucho los Parques de Atracciones, y de adolescente venía con mis padres a Montjuich, y este Parque tenía algo especial que me cautivo. Hay muchos rincones donde aún me acuerdo de mis padres. Posteriormente me casé y seguí viniendo al Parque con mi mujer y mi hija. Rara era la semana que no venía. Nada más entrar nos montábamos en el ZIG ZAG, y luego, sobre todo en las de niños.

Más adelante me separé, y entonces el Parque era mi segunda casa. Todos los viernes y sábados venía a ver las actuaciones de la tarde y noche, y no me perdía ningún artista fuera del genero que fuera. Entre actuaciones me iba a mi rincón favorito, allí en la Ballena, y me tomaba unos pinchitos y unos frankfurts inolvidables. Al terminar, como no, un paseo en el Tren Fantasma.  También me gustaba mucho el Castillo del Terror y la Casa Magnética. Por allí pase momentos difíciles de olvidar con muchísimas personas, y aún hoy, al pasear por los actuales jardines, recuerdo muchas cosas y me da mucha pena no poder volver atrás para revivir esos momentos tan bonitos. Recuerdo también cuando al cerrar el parque, riadas humanas iban bajando buscando la plaza de España, y ese embriagador olor de la tierra , las flores y plantas del Parque de Montjuich en esas calurosas noches de verano. También recuerdo los gritos de los que se montaban en el Boomerang, que se escuchaban ya desde antes de entrar en el Parque, tantos y tantos recuerdos que desgraciadamente, o afortunadamente, aún siguen vivos gracias a esta maravillosa Web:  http://www.achus.biz.

La caída de un imperio

El Mundo – Lunes, 28 de septiembre de 1998
Elena Cuesta (Barcelona)

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Barcelona vista desde la noria, una de las atracciones del parque de Montjuic, que ayer cerró definitivamente (Domenec Umbert).

El Parque de Atracciones de Montjuïc en Barcelona, cerró ayer sus puertas para siempre, y ya nadie podrá volver a montar en su noria .

El Parque de Atracciones de Montjuïc en Barcelona ha agotado su última temporada estival. Ayer respiró el último halo de su vida. La noria, desde donde los enamorados divisaban la ciudad, el Ratón Loco, la atracción estrella, y las luces del teatro al aire libre se han cerrado para siempre. Desde hoy ya nadie volverá a subirse a las atracciones, y el miércoles empezarán a desmontarse para convertirse en un amasijo de hierros y estructuras metálicas. Entre los cables y escombros quedarán los recuerdos infantiles de generaciones de barceloneses.

Pero para la empresa explotadora del recinto -Parque de Atracciones, S.A.-, con el montón de chatarra se va mucho más. Para ella, entre los cúmulos de hierro se cuelan las imágenes en las que el parque ejercía una verdadera atracción para los habitantes de esta área metropolitana. Montjuïc reinó en los 70. Pero la corona se le cayó hace tiempo.

A Antonio Verdugo, uno de los encargados, le dolía ayer el alma. «Vamos a dejar perder un parque emblemático. No creo que se tenga que cerrar». Pero todo lo emblemático que tenía el parque se fue perdiendo con el paso del tiempo, que avanzó al mismo paso que la decrepitud.

Ayer fue uno de esos días en que se pudo percibir más que nunca la caída de un imperio de la diversión. Aunque había más gente de lo habitual -lo decían los mismos trabajadores- el vacío reinaba en la última jornada. Se veía gente paseando, disfrutando de un día soleado y una atmósfera cristalina que las fuertes lluvias han dejado tras de sí. Pero muchas atracciones se ponían en marcha con dos o tres personas en sus lomos, ofreciendo un espectáculo desolador.

Y sus motores rugían después de un buen rato parados, a la espera de recibir a algún huésped que hiciera olvidar que la soledad, además del óxido, se ha adueñado de las viejas máquinas. La empresa explotadora no había invertido en renovaciones. Sabía que el parque tenía los días contados. No valía la pena modernizarse para morir. Lejos en el tiempo quedan aquellas épocas en las que las largas colas se apoderaban de las atracciones más espeluznantes y vertiginosas.

Pero para algunos visitantes, el cierre fue una sorpresa. «¿Qué? Me dejas chafada», respondió Vicenta cuando se le preguntó su opinión acerca del cierre. «Pues es una lástima», acertó a decir después de conocer la triste noticia. «Es verdad que lo han tenido un poco descuidado, pero no entiendo por qué lo cierran», se lamentó.

Mari Carmen, que sí sabía que ayer era el último día del parque de atracciones, lo tenía muy claro: «Lo han dejado morir». Estaba sentada en un banco con su suegra, esperando a que su hijo y su marido bajaran de la noria.

Alejandro también era consciente de que pisaba el parque de atracciones por última vez. «Me parece una barbaridad y una pena», decía. Para Alejandro la idea de cerrar el lugar es un plan preconcebido por el Ayuntamiento, «que no le tenía mucha simpatía a la empresa». De hecho, sus últimas relaciones las vivieron en los tribunales. El Ayuntamiento de Barcelona sostenía que la concesión acababa en 1996. Pero la empresa explotadora se resistía a abandonar las 15 hectáreas de la cúspide de la montaña después de 30 años. Al final, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña le dio la razón al Ayuntamiento y el juez dictó la sentencia de muerte del parque.

La pena capital se cobra el trabajo de 66 empleados. Ayer atendían las atracciones y sonreían a los niños felices -con sonrisas ajenas al cierre- por última vez. Después, el paro. «Yo voy a seguir estudiando, no sé qué harán los demás», declaró uno de los empleados. Otro se mostró más acorde con el último día de faena. «Nos han pagado una indemnización mínima. Hemos tenido que luchar para conseguir lo que marca la ley». Tenía tiempo para hablar largo y tendido. La atracción que atendía, Boomerang, parecía que estuviera cerrada. Y eso que llegó a ser una de las atracciones reina, de aquellas en las que se sueltan gritos cuando el vagón se desliza por unos raíles que dibujan piruetas en el aire, dejando la cabeza boca abajo. Boomerang desaparecerá físicamente, pero miles de barceloneses la inmortalizaron con sus fotografías, hoy ocultas en los álbumes familiares.

Ajenos al cierre, una manada de gatos vagaba libremente por los caminos y las escaleras. Los mininos no lo saben, pero dentro de unos días tendrán menos lugares en los que refugiarse. Para ellos, el cierre también tendrá sus consecuencias emocionales.