El trolebús rojo del Parque de Atracciones de Montjuic

¿Alguien lo recuerda?

Entre finales de los años 70 y principio de los 80 estuvo expuesto en el Parque de Atracciones de Montjuic un trolebús de dos plantas, pintado de rojo (muy parecido a los típicos autobuses londinenses) y con una inscripción en la que podía leerse “La casa del niño”.

Ubicación y utilidad

Se encontraba situado en la parte baja del parque, delante de la zona de los Mini Karts y donde más tarde se instalaría el Tren Tyrol.

A simple vista no dejaba de ser un autobús rojo de dos plantas. Había sido instalado allí por una editorial para promocionar sus libros, dedicados, principalmente, al público infantil.

No se trataba de ninguna atracción. Estaba fijo y se podía subir a él para ver su interior, donde se encontraban los libros presentados en una especie de estanterías.

Su procedencia

Con apariencia de autobús, se trataba en realidad de un trolebús (mezcla de autobús y tranvía) que funcionaba con electricidad, tomada de un cable suspendido en su parte superior mediante dos pértigas.

En Barcelona este tipo de transporte, que resultaba muy económico, se mantuvo activo entre 1941 y 1968.

Concretamente, el trolebús que había en Montjuic era un Q1. Los vehículos de este modelo comenzaron a circular en Londres durante los años cincuenta, pero a principios de los sesenta, coincidiendo con la supresión de este tipo de transporte en la capital británica, se vendieron todas sus unidades a otros países (entre ellos, España).

Fueron distribuidos por lugares como Bilbao, Zaragoza, Santander, La Coruña, San Sebastián o Tarragona, donde permanecieron en circulación hasta la retirada, paulatinamente, de los trolebuses en las distintas ciudades.

La única modificación necesaria fue cambiar de lado la puerta de acceso de pasajeros, ya que en Londres el acceso está situado en la parte izquierda de los vehículos.

Por lo demás, como cada ciudad los modificó a su gusto, puede decirse, casi con total seguridad, que el Q1 expuesto en Montjuic estuvo circulando en Zaragoza (pintado de verde y gris metalizado) hasta 1976.

Al ejemplar que se encontraba en el Parque de Atracciones de Montjuic se le pintó de rojo y se desmontaron las pértigas por las que pasaba la corriente, ya que, al no haber cable, carecían de utilidad, quedando únicamente el trolebús como original tienda de libros.

Por este motivo, cuando se retiró definitivamente del parque, tuvo que ser trasladado por una grúa.

En este post os compartimos dos fotografías, una del trolebús situado en Montjuic y otra de un trolebús circulando por Zaragoza durante el año 1976.

Textos basados en comentarios de Malifeta y Alemany. Editados y corregidos por Esther Bose y Josep Pérez

La lección de Montjuïc

Molins reclama a Clos que no abandone el Tibidabo como ha hecho con Montjuïc

La Vanguardia – Viernes 4 de febrero de 2000 – Marta Ricart (Barcelona)

La decisión de Joan Clos de añadir el parque de atracciones del Tibidabo al patrimonio municipal ha sido bien recibida en CiU, pero su dirigente en el Ayuntamiento, Joaquim Molins, no las tiene todas consigo.

“Cuando uno ve cómo administra su propiedad el gobierno municipal le tiemblan las rodillas”, dijo ayer. Molins pide al alcalde que no abandone el Tibidabo como ha hecho con el parque de atracciones de Montjuïc, de propiedad municipal, en desuso desde hace casi un año y medio y sin perspectivas claras de utilización a corto plazo.

La prioridad en el Tibidabo debe ser, según Molins, abrir esta primavera, aunque sea en condiciones provisionales, suscribiendo un convenio con Patsa, la empresa que explotaba el parque o con otra firma.

“En sus cien años, pese a los altibajos, el parque siempre ha funcionado, sería decepcionante que pasara a ser municipal para estar cerrado”, apuntó.

El dirigente convergente explicó que el gobierno municipal transigió en que los concesionarios del parque de Montjuïc se vendieran las atracciones y dejaran el parque sin ajardinar, en contra de lo que preveía la concesión y de lo que aseguró el equipo de Clos a CiU. Molins subrayó que el parque no se ajardinó entonces ni después y padece un abandono “inaceptable”. Comparó la situación con la del edificio de Miramar, también en Montjuïc, en desuso desde hace años y que se degrada irremisiblemente.

El dirigente de CiU es cauteloso con el futuro del Tibidabo. Confía en que el Ayuntamiento se haga con el parque, tras pactar con la Seguridad Social que ésta ejerza el derecho de retracto de la subasta, pero recordó que sólo serán municipales siete hectáreas –que no incluyen el aparcamiento y otros terrenos que rodean el recinto– y apuntó que los acreedores de Patsa y de su empresa madre, Grand Tibidabo, podrían intentar evitar la venta. Con todo, Molins avanzó que como el objetivo del parque municipal no será la rentabilidad económica, se deberá darle un uso más social, pedagógico y turístico y más integrado a Collserola.

DE PROPIEDAD PRIVADA A PATRIMONIO PÚBLICO

Renovar el parque sin traicionar su historia

“Hay que renovar el Tibidabo, pero conservando su historia.” Es la opinión de alguien más ligado sentimentalmente si cabe que otros barceloneses al parque de atracciones, pues no sólo es el lugar donde se ha divertido muchas veces; además, su bisabuelo fue Enric Sagnier, el arquitecto del templo del Sagrado Corazón (o Expiatorio).

Àlex Sagnier representa de alguna manera a los descendientes de aquellos que crearon el Tibidabo hace cien años, aunque la obra de su bisabuelo sea un elemento criticado por muchos. Àlex dice que “el edificio se debe contextualizar en su época” (se inició en 1902 y no se acabó hasta 1961) y que se debe mantener al igual que todo el parque.

Cree que para dar “continuidad” a la historia de éste convendría “una alianza”, un parque de propiedad municipal y explotación privada. Como creativo, lanza unas primeras ideas: “Potenciar el parque como oferta turística y cultural, usarlo como símbolo promocional de la ciudad e integrarlo mejor en Collserola”

Quedada Montjuic el 04-07-2010

Como muchos de vosotros sabéis, nuestro amigo y colaborador Jordi3D estuvo realizando un vídeo sobre la mítica atracción “El Tren Fantasma”, que se encontraba en el antiguo Parque de Atracciones de Montjuic.

Nos pareció interesante la idea de incorporar a algunos de los seguidores de nuestro proyecto al vídeo y, con ese propósito, se propuso organizar una quedada a fin de realizar las fotos necesarias que después se utilizarían para el montaje del vídeo.

A pesar de haberlo hablado tanto, nadie parecía animarse a dar el paso definitivo, y a punto estuve de cancelar la quedada, ya que parecía imposible ponernos de acuerdo y concretar una fecha que a todos nos viniese bien.

Finalmente, la fecha que se decidió fue el domingo 4 de julio de 2.010.

Nuestro amigo José Luís Sierra, además de su siempre grata presencia, tuvo a bien venir acompañado de niños y otras personas que querían participar en las fotografías.

“Las fotos tienen que ser como si estuvieseis esperando en la cola de entrada al Tren Fantasma, pero sin mirar ni sonreír a la cámara. Tiene que ser como si realmente estuvieseis haciendo la cola” – nos dijo Jordi3D.

Ese era el objetivo, conseguir unas bonitas fotos para incorporarlas después al vídeo de la atracción, pero acabó siendo mucho más que eso: fue una jornada de risas, de fotos y entre charla y charla se fueron pasando las horas.

Montaje-video-montjuic

Unos exquisitos frankfurts, unas cervecitas bien fresquitas y una inmejorable compañía hicieron que disfrutáramos de estupendos momentos que aún guardamos en nuestro recuerdo los que tuvimos el placer de vivirlos.

Nos hubiese encantado que estuviese con nosotros Jordi3D, y aunque a muchos kilómetros de distancia, estuvo presente de corazón, al igual que Malifeta, que se encontraba de viaje y no pudo acompañarnos.

Y fue una grata, muy grata sorpresa tener con nosotros a Raulis, que vino acompañado de su mujer y su hijo.

Las fotos se hicieron, el vídeo también, y lo vivido, vivido está y lo compartimos con vosotros a través de este post, las fotos de la quedada  y el vídeo que realizó Jordi3D, con más de 66.000 reproducciones.

Siempre es un placer recordar los buenos momentos que pasamos en nuestro querido Parque de Atracciones de Montjuic.

Editado por Josep Pérez, redactado por Esther Bose.

Olé Olé actuó cuatro veces el pasado fin de semana en el Parque de Atracciones

La Vanguardia   11-07-1988
Félix Flores (Barcelona)

Marta Sánchez y sus Olé Olé ofrecieron cuatro actuaciones, a un precio módico, el pasado fin de semana en el Parque de Atracciones de Montjuic. La mujer que venció a la italiana Sabrina, en un duro pulso por el título de señora más estupenda, mostró ante los miembros de la prensa, que la esperaron por más de dos horas, una pose de pequeña diva, con gafas oscuras y algo desdeñosa, en un intermedio de sus actuaciones. Sobre el escenario, encandiló a chicos y grandes con su sola presencia, una imagen diminuta de niña bien dotada, de hermanita mayor convertida en estrella, que viene explotando concienzudamente de la mano de una multinacional de los refrescos. Ella asegura, por el contrario, estar harta de toda la historia que se ha montado a su alrededor. Los chavales le dijeron de todo.

Aquí estuvo: la mujer más apetecida por los españoles, según las últimas encuestas, al alcance de todo los bolsillos. Marta Sánchez y su conjunto, Olé Olé, por sólo 25 pesetas en el Parque de Atracciones de Montjuic, y con derecho a presenciar dos actuaciones, tarde y noche: y dos días, sábado y domingo. Con los precios que corren, una verdadera ganga.

La presencia estelar de Marta Sánchez está anunciada para las siete y media de la tarde, y a las seis, el auditorio del Parque, sobre el que cae un sol justiciero, es un hervidero de multitud expectante. A la misma hora, un grupo de periodistas, en su mayoría fotógrafos, se instala detrás del auditorio, en un cuartito, frente a una caja de bebidas refrescantes —que pronto se irán caldeando— y unas patatas fritas. La encargada de los lavabos es quien, sonriente, controla el acceso y pide las pertinentes acreditaciones de prensa. El encuentro con Marta Sánchez y sus cuatro hombres estaba previsto para las seis; en realidad, son más de dos horas de larga espera en puro abandono, sin teléfono, y de encierro bajo llave por el celo profesional de la citada señora de los lavabos.

Los Olé Olé vienen de Las Palmas de Gran Canaria. Retraso. “Ha visto a Juan, el batería?» (Juan Tarodo es el novio de Marta). “Es usted del grupo?”. En el exterior, el público —grandes y chicos, niños y niñas, sobre todo—ofrece una muestra irrepetible de heroísmo sobre la parrilla calcinante que es el auditorio, sin gestos de irritación.

Marta Sánchez ha conseguido llevar a Olé Olé a las más altas cotas de popularidad desde que abandonó su antecesora, ahora rasante solista, Vicky Larraz. Marta comenzó a lucir escote cuando el verano del año pasado, Sabrina irrumpía como exuberante dama del pop-disco. Rubia teñida plantó batalla a la italiana a través de las páginas (y muchas portadas) en las revistas “del corazón”. Finalmente, un cierto furor patrio dio la victoria a la española. Conclusión: un nuevo disco que se adivina millonario —con el título de “Cuatro hombres para Eva» y con Marta en la funda disfrazada de hembra devoradora— y un contrato con Coca Cola por valor de —afirma ella—  cien millones de pesetas para toda la campaña, que incluye un anuncio televisivo. Nos toca —dice— a millón y medio para cada uno del grupo más los beneficios por el spot”. Olé Olé además tiene previstas unas cien galas a lo largo de cuatro meses.

Y, por fin, sale Marta. 22 años y 95x67x85 centímetros, distribuidos en un cuerpo diminuto. Botines, pantys de malta, minifalda, “body” y torera —todo en negro—, que luego cambiará con rapidez por un atuendo igual en rosa y negro. Los complementos: una boa rosa y una gorra gris —para cantar su versión de “Lili Marleen”—. Marta levanta los ánimos y las pasiones de una masa de jovencitos que clava sus ojos en ella. Las chicas la observan con envidia y los padres echan mano de la cámara de vídeo doméstico. Aún es de día y no hay focos. Marta acompaña sus interpretaciones de una coreografía tan estudiada como marcial; ejecuta cada paso con la mirada puesta en el vacío y atenta al siguiente movimiento. El final de cada tema acaba en pose. Marta se dirige al respetable con voz de niña: «Muchas gracias por venir ¿lo estáis pasando bieen?”. Las respuestas son contundentes: “Tía buena!” “Marta, ¿no tienes calor?”. Cada “show” es de tres cuartos de hora, suficiente para una tarde de verano.

—Nos tenemos que marchar, pero volvemos luego. ¿Dónde os vais ahora, a casa?
—¡Contigo, contigo!
—Ah pillines! Pero sois muchos..
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Mientras Marta Sánchez se cambia en la trastienda, metida en una cabaña de lona como la que usan los trabajadores de las obras en la calle, alguien sale al escenario: “Esperen. Antes de que se vayan a montar en los caballitos, voy a presentarles a una gran figura de la canción española, que no tiene nada que ver con Marta Sánchez y que…” Y aparece ¡Antonio Molina! El cantante se encuentra rodando en Barcelona una película, “La pequeña Andalucía”, y se aprovecha la circunstancia para tomar algunos planos de la multitud. El patriarca de la saga Molina saluda afectuosamente, aunque debe declinar las peticiones de que cante.

No se sabe cómo, una chavalita ha conseguido encaramarse en un balcón, dos metros sobre el suelo, y entrar para pedirle un autógrafo a Marta. Abajo, se amontona el gentío. Pero Marta no está para nada. En “shorts” y jersey de chándal con su marca patrocinadora, se diría que no es la misma. Se presenta con el pelo recogido y unas gafas oscuras. Se sienta con sus músicos (uno de los cuales se ha bebido una cola de la competencia), cogiéndose la cabeza con las manos. Su actitud y la de sus compañeros es de visible prevención, por no decir rechazo, ante cualquier pregunta.

Los Olé Olé rebaten que su popularidad se base en Marta —“hacemos las mismas galas y vendemos los mismos discos que antes” — y aquélla no quiere saber nada de Vicky Larraz, quien ha afirmado últimamente algo así como que todo se lo debe a ella. Dice que está cansada de su imagen y que “Sabrina es una tomadura de pelo. Tiene más curvas que yo pero le tiran tomates. Y yo tengo voz”. De hacer cine, de momento nada: “Me han ofrecido varios personajes pero todos eran tirando a la props…, pors.. “Prostitución”, le ayudan. Bueno, eso, como se diga”. Le gustaría trabajar con Pedro Almodóvar.

Vista la facilidad de palabra de Marta Sánchez, los agotados periodistas tiran por la vía sencilla. Su modelo de hombre, el actor Rob Lowe; su cantante favorita, Whitney Houston (casualmente, comparten firma patrocinadora), “pero tiene que aprender a moverse en el escenario”. Un fotógrafo le pide que se quite las gafas negras, que si no va a quedar muy mal.

—Mira, para eso tendrás que hablar con alguien de la compañía.

Recorte de prensa facilitado por Jose Pérez