Montjuic deja listo el desmontaje de atracciones

El Periódico  Lunes, 5 de abril de 1999
Mayka Navarro (Barcelona)

Tristeza en el reino de la diversión

La tristeza ha invadido las pocas atracciones que aún quedan en pie en el parque de atracciones de Montjuic. Los autos de choque (en La foto) están como quedaron en el último viaje del 27 de septiembre, pero devorados por el polvo y una fina capa de hojas secas que se han colado en la atracción. El castillo del Terror (Foto) da más miedo que nunca, en la entrada se acumulan los restos de una antigua atracción que ha viajado a otro parque. La noria espera que alguien se la lleve de la misma forma que el carrusel que, rodeado de desperdicios, es la única pieza protegida por una lona.

Lo que fue el Parque de atracciones de Montjuic desaparece poco a poco. Desde que el recinto lúdico cerró sus puertas, el 27 de septiembre pasado, después de 32 años en funcionamiento, los responsables dejan listo el desmontaje de las atracciones, la mayoría de las cuales ya se han vendido e instalado en otros parques de medio mundo.

El aspecto actual del recinto es triste, sucio, decadente y deplorable. Donde hace unos meses había atracciones como Boomerang, que fue enviado en barco a Nueva Orleáns (EUA), ahora únicamente queda un agujero invadido por una vegetación agresiva que se ha hecho dueña y señora del parque. Otras atracciones, como el Vikingo también han ido a parar al otro lado del Atlántico. Este barco Vikingo se fue para La Habana.

El Ayuntamiento tenía previsto que los trabajos de desmontaje de las atracciones finalizaran hace un mes. En vista de que los trabajos se alargan, el consistorio y los responsables del parque han acordado prolongar el alquiler, a cambio de una cantidad de dinero que no ha trascendido. Un técnico del Ayuntamiento supervisa todos los trabajos que se están realizando.

Una empresa de seguridad privada se encarga de vigilar las 24 horas del día el parque que, en  los últimos meses se había convertido en una pieza codiciada por los ladrones de la zona. En el cajón del despacho del guarda hay una colección de armas blancas, destornilladores y llaves inglesas que, en algunos casos, han servido para amenazar, y en otros, como herramienta para desmontar piezas de las atracciones de manera clandestina.

Las últimas semanas, las visitas de intrusos han cesado. En el parque ya no quedan atracciones en buen estado. Las que continúan ahí están abandonadas, devoradas por el polvo y la suciedad, y acabarán siendo chatarra. La noria, que rompe el perfil de la montaña de Montjuic, aún se mantiene en pie y según parece, su futuro está en un parque de Benalmádena (Malaga).

Zona verde de 14 hectáreas

El carrusel también continua en el mismo sitio, pero tiene un futuro garantizado. Su precio de venta es de 175 millones de pesetas, y seguramente hará feliz a algún anticuario. Es la única atracción mimada del parque. Su alto valor ha provocado que los caballitos de madera tallada a mano estén bien protegidos por unas lonas que los cubren en su totalidad, con el fin de protegerlos del deterioro.

Cuando el recinto, que ocupa una superficie de 14 hectáreas, se quede vacío, el Ayuntamiento lo recuperará para ubicar un parque verde, pero el proyecto final aún no está definido. La agencia metropolitana Barcelona Regional trabaja en la elaboración de diferentes propuestas.

Recorte de prensa facilitado por Josep Manel Castro

La caída de un imperio

El Mundo – Lunes, 28 de septiembre de 1998
Elena Cuesta (Barcelona)

Barcelona vista desde la noria, una de las atracciones del parque de Montjuic, que ayer cerró definitivamente (Domenec Umbert).

El Parque de Atracciones de Montjuïc en Barcelona, cerró ayer sus puertas para siempre, y ya nadie podrá volver a montar en su noria .

El Parque de Atracciones de Montjuïc en Barcelona ha agotado su última temporada estival. Ayer respiró el último halo de su vida. La noria, desde donde los enamorados divisaban la ciudad, el Ratón Loco, la atracción estrella, y las luces del teatro al aire libre se han cerrado para siempre. Desde hoy ya nadie volverá a subirse a las atracciones, y el miércoles empezarán a desmontarse para convertirse en un amasijo de hierros y estructuras metálicas. Entre los cables y escombros quedarán los recuerdos infantiles de generaciones de barceloneses.

Pero para la empresa explotadora del recinto -Parque de Atracciones, S.A.-, con el montón de chatarra se va mucho más. Para ella, entre los cúmulos de hierro se cuelan las imágenes en las que el parque ejercía una verdadera atracción para los habitantes de esta área metropolitana. Montjuïc reinó en los 70. Pero la corona se le cayó hace tiempo.

A Antonio Verdugo, uno de los encargados, le dolía ayer el alma. «Vamos a dejar perder un parque emblemático. No creo que se tenga que cerrar». Pero todo lo emblemático que tenía el parque se fue perdiendo con el paso del tiempo, que avanzó al mismo paso que la decrepitud.

Ayer fue uno de esos días en que se pudo percibir más que nunca la caída de un imperio de la diversión. Aunque había más gente de lo habitual -lo decían los mismos trabajadores- el vacío reinaba en la última jornada. Se veía gente paseando, disfrutando de un día soleado y una atmósfera cristalina que las fuertes lluvias han dejado tras de sí. Pero muchas atracciones se ponían en marcha con dos o tres personas en sus lomos, ofreciendo un espectáculo desolador.

Y sus motores rugían después de un buen rato parados, a la espera de recibir a algún huésped que hiciera olvidar que la soledad, además del óxido, se ha adueñado de las viejas máquinas. La empresa explotadora no había invertido en renovaciones. Sabía que el parque tenía los días contados. No valía la pena modernizarse para morir. Lejos en el tiempo quedan aquellas épocas en las que las largas colas se apoderaban de las atracciones más espeluznantes y vertiginosas.

Pero para algunos visitantes, el cierre fue una sorpresa. «¿Qué? Me dejas chafada», respondió Vicenta cuando se le preguntó su opinión acerca del cierre. «Pues es una lástima», acertó a decir después de conocer la triste noticia. «Es verdad que lo han tenido un poco descuidado, pero no entiendo por qué lo cierran», se lamentó.

Mari Carmen, que sí sabía que ayer era el último día del parque de atracciones, lo tenía muy claro: «Lo han dejado morir». Estaba sentada en un banco con su suegra, esperando a que su hijo y su marido bajaran de la noria.

Alejandro también era consciente de que pisaba el parque de atracciones por última vez. «Me parece una barbaridad y una pena», decía. Para Alejandro la idea de cerrar el lugar es un plan preconcebido por el Ayuntamiento, «que no le tenía mucha simpatía a la empresa». De hecho, sus últimas relaciones las vivieron en los tribunales. El Ayuntamiento de Barcelona sostenía que la concesión acababa en 1996. Pero la empresa explotadora se resistía a abandonar las 15 hectáreas de la cúspide de la montaña después de 30 años. Al final, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña le dio la razón al Ayuntamiento y el juez dictó la sentencia de muerte del parque.

La pena capital se cobra el trabajo de 66 empleados. Ayer atendían las atracciones y sonreían a los niños felices -con sonrisas ajenas al cierre- por última vez. Después, el paro. «Yo voy a seguir estudiando, no sé qué harán los demás», declaró uno de los empleados. Otro se mostró más acorde con el último día de faena. «Nos han pagado una indemnización mínima. Hemos tenido que luchar para conseguir lo que marca la ley». Tenía tiempo para hablar largo y tendido. La atracción que atendía, Boomerang, parecía que estuviera cerrada. Y eso que llegó a ser una de las atracciones reina, de aquellas en las que se sueltan gritos cuando el vagón se desliza por unos raíles que dibujan piruetas en el aire, dejando la cabeza boca abajo. Boomerang desaparecerá físicamente, pero miles de barceloneses la inmortalizaron con sus fotografías, hoy ocultas en los álbumes familiares.

Ajenos al cierre, una manada de gatos vagaba libremente por los caminos y las escaleras. Los mininos no lo saben, pero dentro de unos días tendrán menos lugares en los que refugiarse. Para ellos, el cierre también tendrá sus consecuencias emocionales.

Lágrimas de cocodrilo

La Vanguardia 31-10-1998
Marta Ricart (Barcelona)

Una gran grúa desmantela el Boomerang, la última atracción que estrenó el parque.

Lo que fue el parque de atracciones de Montjuic se repartirá pieza a pieza por todo el mundo. A quienes entristeció el cierre del parque, el pasado 27 de septiembre, después de 32 años en funcionamiento, quizás les duela menos al saber que las montañas rusas, el pulpo, los trenes y autos de choque o las divertidas figuras no se olvidarán en un almacén ni reducirán a chatarra, sino que habrá quien continuará disfrutando de ellas.

Las grandes atracciones como el Boomerang o el Vikingo irán a parques extranjeros y las más pequeñas a ferias.

Las atracciones, algunas de las cuales harían las delicias de nostálgicos y coleccionistas, irán a parar a parques y ferias de todos los tipos. Así, según fuentes de las empresas que trabajan en el desmantelamiento del parque, de las grandes instalaciones, el Boomerang, por ejemplo, la última atracción que se estrenó, se enviará a Nueva Orleáns (Estados Unidos) o el Vikingo, a La Habana (Cuba). Más cerca se quedará la gran noria, que irá a un recinto español, a Benalmádena (Málaga). Ninguna pieza irá al Tibidabo. Parques de Bulgaria y de otros países del Este también recibirán algunas atracciones.

No les importa que estén un poco anticuadas. Al parecer, todas las piezas están ya vendidas a grandes parques o a pequeñas ferias, según explica Javier Fernández, técnico del Ayuntamiento que supervisa los trabajos y que cuenta que ya intervino hace tres decenios en el montaje del recinto.

La empresa que explotaba el parque es responsable de su desmantelamiento, aunque no explica los detalles. Hace unos días ya se comenzó a retirar una de las pequeñas atracciones y esta semana se ha trabajado en desmontar el Boomerang, instalado antes de los Juegos Olímpicos y que causó gran sensación.

El desmantelamiento no es sencillo, pues la atracción se reduce a múltiples piezas, más manejables, pero de varias toneladas de peso cada una, que se deberán llevar hasta el puerto, se estima que se necesitarán unos 40 viajes en camión para transportarlas en barco a Nueva Orleans.

Varias empresas especializadas, de grúas y de transporte, entre ellas una canadiense, y coordinadas por la barcelonesa Universal Trade Transport, se encargan de la retirada y traslado, explica Josep Lluís Cano, de la firma.

Recorte de prensa facilitado por Jose Pérez.