Liquidación del barraquísmo

Liquidación del barraquísmo

Liquidación del barraquísmo. Parece ser que después de la última operación de acomodar a unas dos mil barraquistas en nuevas viviendas, quedan aún un mular y medio de familias en espera de esta oportunidad.

Los propósitos municipales eran de erradicar el barraqüismo de todo el término municipal antes de acabar el presente año 1974.

Parece que las cosas no han podido realizarse tal y como estaban planificadas en principio y que en vez de este año tengamos que apurar bastantes hojas del calendario de 1975 para proclamar que ya no existe barraquismo en la ciudad.

El proceso de la desaparición del barraqüismo tuvo etapas de honda preocupación social por el problema y momentos que la cuestión se planteó fácil. Una de las primeras etapas en las que se intervino con energía fue en la remodelación del parque de Montjuich, en su zona del castillo y de Miramar, donde surgió el parque de atracciones y una revalorización urbanística de aquella parte de la montaña.

Después vinieron otras necesidades de planificación y fueron eliminándose y reduciéndose bloques, núcleos de barraquistas.

Otros desaparecieron porque la ciudad se quedó pequeña y los terrenos se pagaron bien para edificar. Poco a poco, la gente barraquista se apañó, la mayoría de las veces llevada de la mano oficial a vivienda de nueva planta, y otras, muy pocas, por su cuenta.

Pero el censo de barraquistas fue reduciéndose. Ahora deben quedar estos mil quinientos aproximadamente.

Es indudable que el barraqüismo ha ido desapareciendo de la gran ciudad y también es cierto que la tarea no ha sido fácil.

¿Qué falta aún bastante para rematar el problema y que para llegar a una solución definitiva el camino no será tan llano como se preveía, como opinan algunos?

Todo es posible. Pero de lo visto a lo que se ve, la panorámica ha variado mucho. Qué se tarde más o menos tiempo en eliminar hasta la última barraca no debe constituir ningún temor, y lo único que debería constituir motivo de alarma es que el ritmo de esta labor se paralizara.

Posiblemente, si observamos el problema con una óptica de futuro, sí podría asaltarnos el temor de una complicación, una vuelta a empezar.

La ciudad está descongestionada de barraqutsmo, pero en la nueva entidad metropolitana, que agrupará a veintitantos municipios, ¿cuántos problemas de este tipo no dejarán de plantearse? Entonces poco importará cómo sea el camino, llano o escabroso, sino que lo haya y que conduzca a una solución, como ocurrió en la ciudad.

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