El Jefe del Estado en el parque de atracciones

La Vanguardia   24/06/1966 – Redacción (Barcelona)

Franco visito una amplia exposición de proyectos sobre la montaña de Montjuich

El Jefe del Estado en el parque de atracciones.

El Jefe del Estado en el parque de atracciones. Terminada la visita a los nuevos Juzgados, el Generalísimo Franco se trasladó al nuevo Parque de Atracciones de Montjuich, que inauguró oficialmente.

En la entrada superior del mismo se había congregado, dentro y fuera del recinto, una gran muchedumbre que, desde mucho antes de la hora prevista, aguardaba pacientemente la llegada del Caudillo. Se hallaba alineada junto a la puerta la Policía Municipal montada, en uniforme de gran gala.

Aguardaban a Franco y a su esposa en dicho lugar, el alcalde, señor Porcioles, con todos los miembros de la Corporación municipal; el presidente de la Diputación Provincial, marqués de Castell-Florite, con el vicepresidente, señor Ribas Seva y varios diputados; vicesecretario general del Gobierno Civil, señor Gómez Quintana; director general de Prensa, señor Jiménez Quílez; consejero nacional, señor Calvifio; delegado de Sindicatos, señor Martín Villa; delegado de Hacienda, señor Ossorio; el delegado del Ministerio de la Vivienda, señor Martorell; general Serra Algarra; decano del Cuerpo Consular, doctor Selva Sandoval; presidente de la Cámara Oficial de la Industria, don Andrés Ribera Rovira; presidente del Real Círculo Artístico, vizconde de Güell y otras muchas personalidades y representaciones.

Junto a la entrada se hallaban las esposas del capitán general, del alcalde y del presidente de la Diputación entre otras distinguidas damas.

Igualmente, aguardaban la llegada del Caudillo los miembros del Consejo de Administración del Parque de Atracciones con su presidente, señor Borges Villegas; señor Michelene, secretario gerente y consejeros de la entidad.

Llegada de Doña Carmen polo de Franco

A las 8 en punto de la noche llegaba al recinto la esposa de S. E. el Jefe del Estado, doña Carmen Polo de Franco, a quien acompañaban la esposa del ministro de la Gobernación y la del gobernador civil de Barcelona.

La duquesa de la Victoria ofreció a doña Carmen un hermoso ramo de flores y seguidamente la egregia dama, acompañada por el señor Porcioles y otras personalidades, pasó a contemplar la espléndida panorámica que desde aquel lugar se divisa de todo el parque y de un vasto sector de la ciudad.

Triunfal recibimiento al Caudillo

Cinco minutos más tarde hacía su llegada al recinto Su Excelencia el Jefe del Estado, al que acompañaban los ministros de la Gobernación y comisario general del Plan de Desarrollo, así como el capitán general de la IV Región Militar.

En compañía de dichas personalidades y del alcalde y de sus jefes de las Casas Civil y Militar, Franco contempló unos instantes la espléndida panorámica de la ciudad y del parque.

A su llegada, la banda de cornetas y tambores de la Policía Municipal montada, alineada en la puerta del parque, interpretó el «Himno Nacional», en tanto que la gran muchedumbre, agrupada dentro y fuera del parque, prorrumpía en vítores y aplausos que se prolongaron durante largo espacio.

Exposición de proyectos

El Jefe del Estado y su esposa, acompañados de las indicadas personalidades, visitaron a continuación la magnífica Exposición de Proyectos, con gráficos, maquetas y fotografías, montada en el interior del pabellón-cervecería del parque.

En la misma figuran todos los planos que se abrigan para la revalorización y urbanización de la montaña de Montjuich, incluyendo los que abarcan las futuras fases que completarán el Parque de Atracciones, la ampliación del Pueblo Español y otros.

Sobre el Parque de Atracciones se exhiben fotos de un «planetarium» de notables proporciones; una futura sala de boleras con 32 canales, condición ésta, que la hará apta para celebrar allí campeonatos del mundo de la especialidad; pistas de patinaje, hockey sobre ruedas y otra para esquiar sobre nieve artificial.

Igualmente se incluyen fotografías de todos los edificios, palacios y de los más bellos rincones de la montaña, así como del Castillo de Montjuich, Mirador del Alcalde, etc.

Son exhibidos igualmente, gráficos de las diferentes etapas de la construcción del Parque de Atracciones, y se establecen las adecuadas previsiones para su ampliación.

El Pueblo Español, según los planes municipales de ampliación, es asimismo detalladamente descrito.

Por último, llamó poderosamente la atención el proyecto de ordenación de la vertiente marítima de la montaña.

Visita a las atracciones

Todas las atracciones del parque estaban funcionando, ocupadas por los numerosísimos Invitados.

Franco y su séquito recorrieron detenidamente todo el interior del recinto, en el que se cuentan unas cuarenta atracciones, y se detuvo varias veces para observar algunas sobre las que recibió las adecuadas explicaciones del alcalde y los miembros del Consejo de Administración.

El Caudillo y sus acompañantes ocuparon unos amplios balcones que dan sobre el espléndido teatro al aire libre, capaz para 2.150 personas, que estaba totalmente ocupado.

En el escenario, la Banda Municipal, interpretó el «Himno Nacional» al aparecer Sus Excelencias, y luego unos fragmentos de «Bohemios», de Vives.

Poco después, la comitiva, reanudó su recorrido inaugural entre incesantes aplausos y vítores del público.

Tras contemplar el tren miniatura que tiene medio kilómetro de recorrido, penetraron en las cuevas de Carmen Amaya, de típico aire andaluz, en cuyas proximidades figura una bella estatua de la gran bailarina española.

Allí asistieron el Jefe del Estado y esposa a un breve recital folklórico.

En el transcurso de la breve exhibición les fue servida una copa de vino español.

Con ello se dio por terminada la visita de Franco al Parque de Atracciones.

A las 8 y 6 minutos, el Caudillo y su esposa abandonaban el recinto camino del Palacio de Pedralbes.

La despedida que la gran representación del pueblo barcelonés allí congregado les tributó, fue memorable por el entusiástico fervor de los incesantes vítores y aplausos que lo rubricaron.

Nueva fisonomia del parque de MontjuicRecorte de prensa facilitado por Jose Pérez

Escasos visitantes en el Tibidabo y muchos en Montjuich

Escasos visitantes en el Tibidabo y muchos en Montjuich La Vanguardia  07-08-1968 (Barcelona).

Escasos visitantes en el Tibidabo y muchos en Montjuich. Sorprende la sobriedad con que Barcelona acoge la perspectiva de divertirse.

Amplio desarrollo del parque de atracciones y renovación de anacrónicas instalaciones en el Tibidabo

La ciudad parece más inclinada a trabajar durante la semana y a reposar apaciblemente los domingos que a compensar diariamente el esfuerzo laboral con la válvula de escape de unas horas de olvido en la diversión.

Al enfocar el examen de los alicientes nocturnos que ofrecen a propios y extraños los grandes parques de la ciudad, tenemos que limitarnos a hablar del Tibidabo y de Montjuich y aún sólo podemos referirnos al tema exponiendo las características generales de diversión que ofrecen durante el resto de la jornada ambos lugares.

Porque la noche es en los mismos una parcela, apenas indiferenciada, del total del día, y por lo general, la menos importante.

¿Qué debería haber en el Tibidabo, en Montjuich y en otros parques, como el de la Ciudadela, por ejemplo, para crear unos focos de atracción de visitantes?

No basta, por supuesto, con la curiosidad de una panorámica nocturna, ni el propósito de huir momentáneamente del calor que reina en la ciudad. Las alturas que dominan Barcelona sólo pueden incrementar el interés del visitante y alargar su estancia en la ciudad, harto reducida ahora en una jornada y media, si existieran en las mismas un complejo de instalaciones calculado para todos los gustos, todas las edades adultas y todos los bolsillos.

Puede resultar discutible la necesidad de utilizar Montjuich y el Tibidabo como alicientes susceptibles de incrementar el interés hacia la ciudad. Pero esto sería válido si la iniciativa municipal no se estuviera volcando en Montjuich con inversiones impresionantes que tienden a este fin. El puerto, el «Pueblo Español» el recinto de la Feria, las zonas deportivas, el Parque de Atracciones, el Castillo y tantos otros lugares han sido revalorizados por una amplia mejora de comunicaciones, por unas instalaciones bellamente protegidas y por la construcción de espléndidos miradores.

Escasos visitantes en el Tibidabo y muchos en Montjuich.

No sucede lo mismo con el Tibidabo, algo más alejada de la ciudad pero mucho más elevada, y cuyas posibilidades reales sobrepasan probablemente las que tiene Montjuich. El Tibidabo, futuro parque de la comarca de Barcelona, ha sido olvidado en la promoción de esta clase de instalaciones por el apoyo oficial, y encomendado a la iniciativa privada. Su cumbre ha venido siendo predominantemente religiosa, y acaso esta consideración haya moderado la proliferación de lugares de diversión.

Montjuich, el principio de una montaña atracción

Montjuich ha despertado brillantemente de su condición de nido de barracas, de equívoco parque con peculiares riesgos y de la suciedad y el abandono que lo señoreaban no hace mucho tiempo.

Las grandes inversiones municipales, la devolución del Castillo a la ciudad, la desaparición del chabolismo, la demolición del Pabellón de Bélgica, la restauración del Palacete Albéniz, y ahora la recuperación del Estadio y sus instalaciones, han dejado la montaña, en gran parte de su superficie, apta para desarrollar en ellas los más fantásticos y ambiciosos proyectos turísticos.

La restauración, hace pocos años, del funicular aéreo del Puerto y la previsión de medios propios para el traslado colectivo dentro del recinto de la montaña, potencian lo que quizá constituye hoy el mayor foco de interés para los visitantes: el parque de atracciones.

Este se está rehaciendo de una «dolencia» muy frecuente en estos casos. Una especie de empacho producido por su formidable éxito inicial; tal fue el impacto producido por su inauguración que su capacidad se veía limitada por las muchedumbres que acudían. La crisis económica y otros factores han obligado a sus promotores a iniciar seriamente la batalla de atracción de visitantes nacionales y extranjeros. La vida nocturna tiene allí un sólido apoyo con sus locales «Las Cuevas de Carmen Amaya», su boite «lord Blak», su fuente de Buigas con hora y tres cuartos de distinta programación de juegos de agua y de luz, y también, por el carácter de ser «aptas» para adultos, una parte de sus 51 atracciones.

El parque es conocido en el extranjero, y figura ya en los itinerarios nocturnos por la ciudad de varias agencias de viajes. El año pasado el total de visitantes, nos han dicho, fue de un millón cuatrocientas mil personas.

La temporada «buena» es desde la segunda quincena de junio hasta las fiestas de la Merced. Está, como se ve, muy condicionada al calor del verano. Si hace fresco, especialmente por las noches, disminuyen los visitantes. La hora de cierre normal es de las dos de la mañana, y en un día «bueno» llegan a subir hasta 22.000 personas. En invierno —es decir, el resto del año— se abre el parque sólo los festivos.

La promoción no ha hecho más que empezar. Dentro de pocos días el parque organizará, con la autorización municipal, una línea de autobuses que recogerá al público en la plaza de España y en Atarazanas para llevarlos hasta sus instalaciones. El servicio, incluido el regreso, se efectuará a horas regulares y será gratuito. Irá en combinación con el precio de la entrada, que es de 10 pesetas.

Falta una amplia promoción para el turismo de lujo. Y, según nuestras noticias, va a emprenderse también seriamente.

Un veinte por ciento del terreno destinado al parque está todavía por utilizar.
Será destinado, al parecer, a este tipo de instalaciones: restaurantes de categoría, espectáculos, etcétera. El actual teatro al aire libre, en el que se piensa celebrar este año el Festival de la Canción Internacional, tiene una capacidad de 2.400 asientos, y cuenta con espectáculos de gran categoría artística.

El Tibidabo, la tradición en trance de renovarse

El lugar de principal foco de atracción del Tibidabo es un, relativamente reducido, casquete de la cumbre. El lugar está muy enraizado con las costumbres de la clase media barcelonesa, que es el público favorito que la visita. Y lo hace en un contingente impresionante. Nada menos que dos millones de personas subieron en 1967.

En el Tibidabo, hasta 75 atracciones, es decir, un número mayor que en Montjuich, pero son más anacrónicas en su mayoría, aunque también parecen más adecuadas a los más sosegados afanes de sus visitantes. Los precios son más limitados; el estilo, más conservador.

Pero también ha llegado la hora de la transformación. ‘El funicular, al que se duplicó la capacidad en 1958, empieza a perder terreno. La gente quiere subir en su propio vehículo, pero en la cumbre sólo hay, aprovechando todo lo que puede hacerse, unas 500 plazas para aparcamientos.

La falta de ayuda y promoción municipal y de la Diputación, que son dos de los principales propietarios de la montaña, para el desarrollo turístico de ésta, viene compensado por las buenas comunicaciones y por unos maravillosos parajes hechos de pinares, lugares magníficos para un domingo familiar, para el descanso y el asueto.

Junto a la cumbre se ha habilitado ua bosquecillo para «picnics». Pueden adquirirse allí, a precios populares, platos combinados, y también las familias pueden sentarse en una de las 70 mesas instaladas para comerse pacíficamente lo que llevan desde sus domicilios; sin gastar ni cinco céntimos. Está en proyecto una amplia transformación.

Los dos hoteles se harán más populares, para que por poco dinero se pueda comer bien. Se cambiará también el estilo de muchas atracciones. Algunas serán sustituidas por otras más actuales, como el «avión» y el «ferrocarril aéreo», por ejemplo. Se instalarán varias de riguroso interés actual. Está preparándose el pleno aprovechamiento de una piscina bellamente situada. La renovación será completa.

Sin embargo, por la noche, apenas hay visitantes. Rigurosamente hablando, no se ve a nadie. Sólo quizá, los fieles que acuden a sostener la intensa vida espiritual que promueve el templo. Quizá por esto, afortunadamente acaso, no hay por allí cerca diversiones demasiado profanas.

Recorte de prensa Escasos visitantes en el Tibidabo y muchos en Montjuich facilitado por Jose Pérez